17 septiembre, 2013

Cartas de amor


Las cartas de amor de Dylan Thomas son cartas llenas de verdad, declaraciones de amor y súplica repletas de lirismo y humor, de extrañamiento, de ternura o de ira, es decir, de todos aquellos componentes que conforman una historia de amor en la que los sentimientos se suelen suceder de forma contradictoria, a veces incomprensible- incluso- para quienes lo viven.
A través de sus cartas descubrimos la personalidad del autor. Sus debilidades, sus miedos, su desesperación o su soledad.

Quizás el género epistolar sea el más auténtico y verdadero. Parece más fácil mentir cuando se habla que cuando se escribe. Las palabras escritas se llenan de verdad y suelen estar dictadas por los sentimientos más profundos que tenemos.

En una de las cartas que escribe a Pamela Hansford Johnson, también poeta y su primera experiencia amorosa, Thomas hace una estupenda descripción de lo que en poesía –y por ende en cualquier género literario- realmente importa:
“Volvamos a su poesía (…). Demuestra en ella una tremenda pasión por las palabras y verdadero conocimiento de ellas. Su modo de articular la forma y su habilidad métrica se encuentran entre las mejores que conozco de nuestros contemporáneos. Pero lo más importante de todo es que los pensamientos que están contenidos en ella merecen ser expresados. (…). Lo que más me gusta de sus poemas es que en ellos se expone, no se niega, que en ellos se crea, no se destruye”
¿No es, este pequeño fragmento, todo un tratado de crítica literaria? La pasión por el lenguaje y la forma de apropiarse de él, la capacidad para expresar sentimientos y que estos sean dignos de ser expresados, las posibilidades que tiene la literatura para crear nuevos pensamientos, nuevas reflexiones, nuevas formas de ver y afrontar el mundo que nos rodea.

Dylan Thomas es “terriblemente” sincero cuando se expresa en sus cartas. No le importa mostrarse vulnerable, débil o necesitado. No pretender aparentar nada, fingir nada, construir un personaje de artificio para enamorar a sus destinatarias. Es como, si en cada carta dijera: “yo soy éste que ves, si quieres amarme, adelante”.
“No había trasquilones en mi carta anterior por la sencilla razón de que nunca corto ni quito nada. Nunca lo hago cuando escribo cartas, a pesar de que no hacerlo a veces me provoca un profundo remordimiento cuando lo pienso más tarde. Qué terriblemente fácil es resultar herido. A mí me hacen sufrir a diario las cosas más nimias y sutiles. Uno se pone la coraza todos los días pero el verdadero yo, el herido, sigue en el interior oculto a las miradas de los demás”

El género epistolar tiene también algo de violación de la intimidad. Leemos las cartas que alguien dirigió a otra persona como si entráramos a hurtadillas en la habitación de dos amantes. Espiamos escondidos, detrás de las líneas, los suspiros, las íntimas confesiones, las carencias y las debilidades normalmente ocultas tras las fachadas que cada cuál construye para protegerse. Vemos a los autores de esas cartas desnudos, observamos sus miserias, sus colgajos, también lo mejor -qué duda cabe- lo que nunca se nos mostró a los otros, lo desconocido, lo más humano y lo más divino puede estar en esas misivas.

A veces, estas cartas son también espejos de nuestras propias limitaciones, de lo que, también nosotros, mantenemos oculto a las miradas de los que nos rodean.

Ojalá pudiera hacerte entender lo que me pasa por la cabeza, pero no hay palabras capaces de describir este día tan desesperanzado.

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12 febrero, 2013

Pecar por exceso



Leo la novela "Intemperie", claro.

¡Cómo no leerla, después de las críticas que la preceden, de las grandiosas presentaciones, del bombardeo por radio, televisión y prensa escrita, acerca de sus bondades y su impacto en toda Europa!
La leo también porque está escrita por un paisano, un hombre todavía joven, nuevo en estas lides noveleras y novelísticas y porque me gusta la cubierta cuando la veo en los escaparates de las librerías (qué frivolidad...).
La leo procurando no creerme todo lo que he oído, mantener a raya mis expectativas, no dejarme influenciar por la desmesura de las críticas ni por su comparaciones -en la faja de la cubierta incluída-  con Delibes o Cormac McCarthy.
No ha sido fácil, liberarse de tanto ruido, de tantas opiniones, de tantas alabanzas, pero al final lo he conseguido. 
He hecho mi propia lectura en la que, por cierto, yo no he encontrado ni a Delibes ni a McCarthy. Tampoco he sido capaz de encontrar los motivos de tantas pasiones ni de tantas alabanzas y esto me ha hecho dudar de mi capacidad para sorprenderme o maravillarme con una nueva novela hasta el punto de llegar a considerarla una obra maestra.

Intemperie, es la historia de un niño que huye de su pueblo por alguna razón, que podemos intuir pero desconocemos. En su camino-huida, el niño se encontrará con un cabrero que lo acompañará y ayudará en la medida de sus posibilidades. 
El paisaje se convierte en un protagonista más de la historia, paisaje del que Carrasco hace una exhaustiva descripción, a veces tan exhaustiva, minuciosa y excesiva que llega a resultarte cansina y pesada.
La trama mantiene cierta tensión narrativa, pero hay muchos momentos que, a pesar de que parece se resolverán al final del libro, se quedan en el camino, dejándonos algunos interrogantes abiertos y sin respuesta.
El vocabulario parece, al menos a mí me lo parece, un diccionario de términos agrarios perdidos en la memoria de algún lugar del territorio español.(Confieso que he tenido que consultar el diccionario en más de una ocasión).
La prosa es exagerada hasta límites agotadores: abusa de descripciones, de términos, de yuxtaposiciones. Se hace tan engolada y artificial que acabas no creyéndote nada de lo que cuenta o, en el mejor de los casos, acabas saltándote algunos de los numerosos inventarios con los que se regodea de forma innecesaria y banal.

No quiero decir con todo esto que Carrasco no escriba bien. Sí que lo hace, y hay muchos momentos en el libro impregnados de belleza y poesía. 
Hay también momentos duros y buenos, hay sentimiento y verdad, pero la forma narrativa es tan excesiva que sientes como si te cargasen con un pesado fardo que arrastras por las páginas, buscando un respiro, hasta llegar al final.
Cuando he cerrado el libro, he tenido que abrir una ventana y respirar el aire a bocanadas.

El tema musical de esta entrada, no podía ser otro que "Intemperie" de Luis Eduardo Aute.



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04 septiembre, 2011

De nuevo septiembre

Y la vuelta al "cole", y los anuncios de coleccionables en las televisiones, y las colas en las librerías para comprar los libros de textos, y el color del cielo que, de repente, ha virado a gris, y las primeras hojas de los árboles sobre las aceras, y los planes para el año -para muchos el nuevo año comienza en septiembre- sin propósitos -eso lo dejo para enero-

De nuevo septiembre, cerrando las persianas del verano, precipitándose con prisas sobre los recuerdos -frescos aún- de viajes y paisajes recién vividos.
Metiendo prisa, acercando el otoño, implacable y poco compasivo, de nuevo Septiembre.

Atrás quedaron los baños al amanecer en el Atlántico, los paseos vespertinos por las pequeñas calas gallegas, el sosiego de pueblos y paisajes, los sabores inolvidables de buenos platos y buenos vinos a la puesta del sol.



Atrás también el baño nocturno en el Mediterráneo, los paseos por el barrio gótico de Barcelona, la mañana luminosa en ese gran jardín que es el Parque Guell, la Sagrada Familia majestuosa e interminable.



Y el pequeño tren blanco de Montpellier con sus banderas, y el Hotel Le France de Chambery y los croisants  recién hechos del desayuno en la pequeña placita junto al Teatro y la nostalgia -insatisfecha- de regresar a Grenoble mientras la veía desparecer entre la bruma.
También quedarón atrás los canales de Annency y el restaurante de estilo indescriptible y elegante lentitud francesa.
Y las calles de Zürich y el lago rebosante de jóvenes y bullicio, y el restaurante Madrid inalterable a pesar de los años, y el Splendid del Niederdorf, el único barrio que nunca duerme de la capital suiza.







Lejos ya el rojo de Basilea, el azul de las montañas verdes del Rigi, el tren de cremallera subiendo despacio hacia las nubes, los puentes coloreados de Lucerna, la Alsacia francesa pintoresca y floreada, las ruidosas cataratas de Schaffhausen y la oscura e inquietante Clermont Ferrand, con su arquitectura volcánica y sus callejuelas de película de suspense. 







Y aquel baño en el Cantábrico de San Sebastián que sirvió de despedida y cierre para este verano de aventuras marinas y terrestres.



Saco de la maleta los libros que llevé y leí en los momentos de sosiego. Saco también aquellos que permanecieron sin abrir por los momentos de ocupación y desasosiego. Y los leídos a medias entre unos momentos y otros.
Y me preparo para el otoño, como se preparan la tierra, y los árboles, recogiendo los frutos, envasándolos en tarros de cristal, preparando la despensa...






  

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27 enero, 2011

Los pobres desgraciados hijos de perra

Tranquilos. No os asustéis. No, no se trata de un insulto, ni de una salida mía fuera de tono (aunque podría decírselo a más de uno sin que me temblara la voz). Se trata del título del último libro del poeta Carlos Marzal, que he terminado de leer hoy.


Con esta novela, el poeta valenciano, regresa a la narrativa después de "Los reinos de la casualidad" publicada, también en Tusquets, en 2005.
Y lo hace como si nunca se hubiera ido, como si la narrativa fuera su elemento natural, en el que se mueve con locuacidad y soltura.

He sido fiel seguidora de su poesía, quizás por esto me atrajo tanto leer esta novela.
Creo que en el fondo, buscaba esa poesía entre sus líneas y la he encontrado, y de ¡qué manera!. La mirada de Marzal es poética, incluso describiendo las cosas más sórdidas, en estos doce relatos que tienen como escenario una urbanización en Portacoeli y como personajes a un grupo de amigos adolescentes -en algunas de las historias, ya en su madurez- que se enfrentan a la vida, intentando exprimirla al máximo.

No sé cuánto hay, en todos estos relatos, de recuerdos personales, de vivencias propias, de personajes reales. Lo leo como si fueran memorias, también se entremezclan con mis recuerdos y mis propios paisajes. Los leo con cierta inquietud, con una mezcla de, a veces, insanas emociones. No me dejan ninguno indiferente.
Tampoco puedo separar un relato del siguiente, parecen más capítulos de una misma novela, y cada episodio se va entretejiendo con el anterior y el posterior para formar una historia única.

Respiro hondo al cerrar el libro. Me ha faltado el aire, en algunos momentos, entre sus páginas.


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29 diciembre, 2010

Una historia nada vulgar

Me ha gustado mucho una novelita italiana del S.XIX.


Se trata de Un matrimonio de provincias, de Marquesa Colombi (1840-1920), pseudónimo de Maria Antonietta Torriani, traducida por Mercedes Corral y María Corral, con prólogo de Cristina Grande y posfacio de Natalia Ginzburg quien dice de esta novela: «Leí y releí esta novela un sinfín de veces, desde los siete hasta los catorce años. [...] Creo que sobre estas páginas fijé la mirada seria, severa, devota y maravillada con la que observamos en la infancia las caras de los adultos que se inclinan hacia nosotros.»

La novela se publicó en 1885. En 1973 Italo Calvino la rescató del olvido al publicarla en la colección Centopagine, de Einaudi, precedida de una introducción de Natalia Ginzburg, incluida en esta edición como posfacio.
La editorial zaragozana Contraseña, la rescata ahora para el deleite de todos nosotros.

La historia es corriente: una muchacha guapa e inocente fantasea con ser la elegida de un joven gordo y adinerado. Lo extraordinario es cómo está contada. La familia es vulgar; la ciudad, Novara, plúmbea; la única distracción para una chica consiste en sentirse mirada por un hombre. El estilo es tan seco, tan irónico, que convierte esta anécdota mil veces repetida es una historia modernísima, nada retórica y muy audaz.

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16 octubre, 2010

Una vez leí un libro sólo porque me gustó mucho su cubierta.
No había leído nada de su autor. Lo escogí entre un montón de libros en la mesa de una librería. No leí la solapa, ni la cubierta. No había leído ninguna crítica, ni nadie me había hablado de él.
Pero me gustó mucho su cubierta.

Es esta:


Y después de leerlo me alegré mucho de que tuviera una cubierta tan bonita que llamara mi atención. También me gustó su contenido.
Más tarde me enteré que el autor, Manuel Rico, se había basado en un poema suyo, escrito muchos años antes, para escribir la novela.

Es este:

LA TORMENTA
Habíamos dejado la tarde a medias, la luz
a medias adensarse contra blancas paredes,
en jardines en sombra, en praderas heridas por la llama
de un verano sin paz, tan implacable
como el tono amarillo que hizo de ellas
sólo memoria de un verde amenazado.
Y fue entonces —agosto prescribía
en el pueblo remoto de todos los veranos de la infancia—
cuando la nube puso desolación al aire y vino
la primera tormenta a visitarnos
hasta llenarnos con su olor a distancia y olvido.
Nuestros padres guardaban las hamacas.
Se miraban, sombríos, pues la lluvia anunciaba el retorno
de un tiempo cotidiano sembrado de relojes.
Y nosotros, niños como aquel agua que ablandaba la paja,
corría en torrenteras por los montes y aromaba
de infancias más remotas nuestros ojos,
nos mirábamos tristes pues setiembre llegaba, inevitable,
y era el fin del verano y no podíamos
gozar de aquella oscuridad,
de aquella tarde llena de premoniciones,
de lentos exterminios de una farra apenas intuida, acaso
de un amor inseguro, breve y luminoso como todos
los vividos en aquellos veranos de nuestra pubertad.
Y llegaba la noche y no quedaba
más remedio que huir a la luz amarilla del cuarto de los niños
mientras ellos, los padres, nuestros padres,
jugaban a los naipes esperando
el fin de la tormenta para dar otra luz al verano, otro plazo
de gozo a aquellas horas implacables, más cortas, más huidizasque todas las horas precedentes.

La verdad es que desconocemos el gesto o el hecho que marca, en un momento determinado, nuestro camino. en qué momento juega su papel el azar.

Música: Joan Manuel Serrat y Noa "Es caprichoso el azar"

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26 julio, 2010

En mi maleta


Los restos del día

Kazuo Ishiguro
Ed. Anagrama

Nocturno
Kazuo Ishiguro
Ed. Anagrama

Mujeres de ojos grandes
Ángeles Mastretta
Seix Barral

Las aventuras de un libro vagabundo
Paul Desalmand
Destino

Bibliotecas llenas de fantasmas
Jacques Bonnet
Anagrama

Un grito de amor desde el centro del mundo
Kyoichi Katayama
Alfaguara

La geometría del amor
John Cheever
Emecé

Antologia de breve ficción
Rafael Pérez-Estrada
Berenice


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22 marzo, 2010

Sobre mi mesa...

Dobles fondos

Wyndham Lewis
Ed. Alfaguara

Estallidos y bombardeos
Del mismo autor
Ed. Impedimenta

¿Descubriré por qué dicen de él que es el único escritor inglés comparable a Dostoievsky?

Ejercicios de estilo
Raymond Queneau
Ed. Cátedra

No me canso de leerlo y releerlo. Magistral lección de estilos literarios y magnífica versión de Antonio Fernández Ferrer


El tiempo envejece deprisa
Antonio Tabucchi
Ed. Anagrama

¡Qué gran talento! ¡Qué arte tan sútil! ¡Qué maestría en cada uno de estos relatos!

Croniria
Raquel Lanseros
Poesía Hiperión

Frescura y audacia en los poemas de esta joven poeta andaluza residente en León. XIII Premio Internacional "Antonio Machado en Baeza"

Historia del pelo
Alan Pauls
Ed. Anagrama

Uno de mis escritores favoritos. Confío en que no me defraude...

El misterio de la creación artística
Stefan Zweig
Ed. Sequitur

De todos los misterios del universo, ninguno más profundo que el de la creación. A veces podemos asistir a ese milagro en la esfera del arte.

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24 febrero, 2010

Leyendo...

El síndrome de Diógenes
José Antonio Llera
Ed. Luces de Gálibo (Poesía), 2009


Algún día haré una bella historia de amor: Conversaciones con Fellini
Giovanni Grazzini
Gedisa, 2006


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03 diciembre, 2009

Leyendo

Alicia en Westminster
Saki
Ed. Alpha Decay, 2009

Hector Hugh Munro, Saki, nació en Birmania en 1870.
En 1900 publicó una historia de Rusia y artículos de sátira política que firmó por primera vez con el nombre de Saki.
Yo había leído ya los Cuentos completos, publicados en 2005, pero este libro es una pequeña joya.
Catorce textos en los que este maestro del humor negro conecta a la perfección con el maestro del humor absurdo y surrealista, Lewis Carroll.
Una magnífica sátira de la situación política de la época que sigue siendo válida para muchos de los sucesos que acontecen en nuestros días.
La serie de ilustraciones inspiradas en las de John Tenniel para Alicia, también de corte satírico, añaden valor y humor a la lectura.
Para leer de un tirón con una sonrisa en los labios.


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16 octubre, 2009

Leyendo...

"¡No acordarme! Eres parte de mi existencia, de mí mismo. Has estado presente en cada una de las líneas que he leído, desde que vine aquí, un vulgar y tosco pobrecillo cuyo corazón heriste ya entonces. Has estado presente en cada proyecto desde aquel día, en el río, en las velas de los barcos, en los marjales, en las nubes, en la luz, la oscuridad, el viento, los bosques, el mar, las calles. Has encarnado cada fantasía con la que mi mente ha tropezado. No son más reales las piedras de las que están hechos los más recios edificios de Londres, ni tendrías mayor dificultad en desplazarlos con la mano de lo que han sido y seguirán siendo para mí tu presencia y tu influencia, allí y en todo lugar. Estella, hasta el último instante de mi vida no podrás sino ser parte de mi carácter, parte de lo poco que de bueno hay en mí, parte de lo que de malo llevo. Pero en esta separación, sólo puedo asociarte a lo bueno y fielmente te recordaré vinculada a ello, pues tienes que haberme hecho más bien que mal, cualquiera que sea la punzante tristeza que ahora pueda sentir."

Charles Dickens
Grandes Esperanzas

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17 agosto, 2009

Leyendo...

La invención de la soledad
Paul Auster
Ed. Anagrama, 1980

"Si buscas la verdad, prepárate para lo inesperado, pues es difícil de encontrar y sorprendente cuando la encuentras" Heráclito

Una mañana de enero de 1979, Paul Auster se enteró de que su padre había muerto. Y comenzó a escribir "La invención de la soledad" que, como dice él, fue el comienzo de todo.

El libro consta de dos partes.

La primera se titula “Retrato de un hombre invisible”, y en ella Auster recuerda y recrea los rasgos de su padre tratando, como hacemos todos cuando perdemos a un ser tan querido, de inmortalizarlo a través de recuerdos, fotos, objetos, y en algunos casos a través de la pluma.

La segunda parte, se titula “El libro de la memoria”, y en ella me encuentro ahora...

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24 febrero, 2009

La novela luminosa (II)

Por fin lo he terminado.
El libro de Mario Levrero.
El de las 4 partes.

Reconozco que la gran parte central -el diario-lo he leído en diagonal. Saltándome muchas cosas. Se me hacía pesado, no me aportaba nada. El propio autor decía " estoy escribiendo sin ganas, sin coherencia, sin saber lo que escribo", y eso se nota.

Aunque todo este material le era necesario a Levrero para fundamentar su teoría "algunos hechos, algunos acontecimientos, no pueden ser narrados".
Y desde esta incapacidad, desde este fracaso, el autor construye el molde de una imposible novela luminosa, para confirmar que la experiencia luminosa no puede ser narrada pero sí, en cambio, la oscuridad que la rodea.
De esta forma obtenemos un cliché, un negativo a través del cual conseguimos reconocer dicha experiencia.

Así que ni una coma me salté de esta parte. Me fascinó tanto que cuando quise darme cuenta había terminado.

Y me acordé de D. que ha entrado en un proceso de barbecho en la escritura. Tengo que hablarle de esta novela. Puede ser un buen experimento para reconocer los contornos de su escritura.

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20 febrero, 2009

Sobre mi mesa

Juro y perjuro que San Valentín no tiene nada que ver, insisto NADA QUE VER, en esta selección de libros que están sobre mi mesa.

Palabras de amor

J. A. Marina
Temas de hoy, 2009

A través de las cartas de amor de escritores de todas las época, el filósofo Jose A. Marina, trata de ayudar al lector a entender la perplejidad que produce el sentimiento amoroso y las sensaciones que podemos todos llegar a experimentar a través del mismo.

Virginia o el interior del mundo
Álvaro Pombo
Ed. Planeta, 2009

Magnífico, como siempre en este autor, el manejo de la prosa y de la arquitectura narrativa. Una historia tan íntima que podría ser la de cualquiera de nosotros.

El libro del amor esquivo
Rubén Abella
Destino

Una historia urbana sobre el amor, su carencia, la felicidad de la complicidad y el deseo y la imposibilidad de perpetuar lo que probablemente es sólo creación de uno mismo.

Campos de fresa para siempre
Javier Reverte
Plaza y Janés

Retablo agridulce de un tiempo apasionado (Berlín, años previos a la caída del muro) que finalmente condujo a muchos hombres y mujeres a un crudo escepticismo y a otros pocos a convertirse en disparatados activistas de la lucha armada.

Basil Howe
G.K. Chesterton
El olivo azul

El misterioso joven Basil Howe aparece en la vida de las hermanas Grey. Las tres hermanas pronto empezarán a sentir afecto por el excéntrico personaje.
Chesterton propone en esta obra que sea el sentido común y no los fuegos de artificios románticos como la exaltación, la nostalgia de edades antiguas, los valores marciales o el cinismo, el auténtico motor de la vida.

Ilustración: Marisa Serrano

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16 febrero, 2009

Estoy

leyendo...
La novela luminosa
Mario Levrero
Ed. Mondadori, 2008

Novela póstuma del novelista uruguayo Mario Levrero, en la que intenta narrar ciertas experiencias luminosas sin que pierdan tal cualidad.
4 partes: Prefacio, Diario de una beca, La novela luminosa y un Epílogo...
Hasta ahora sólo he leído el prefacio y 3 meses del diario.
Ya veremos...

escuchando...
Um gostinho de Brasil
Rodrigo Botter Maio & Regional de choro brasileño

Música brasileña hecha en Suiza.
Choros, modinha, maxixe y música popular brasilera por el flautista y saxofonista brasileño Rodrigo Botter Maio.

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25 enero, 2009

Leyendo...

Ventajas de viajar en tren
Antonio Orejudo
Ed. Alfaguara

Publicada en el año 2000 y galardonada con el XV Premio Andalucía de Novela. No es ni su primera novela ni su primer premio. Cuatro años antes, este escritor madrileño, profesor de la Universidad de Almería, se había iniciado en la ficción con Fabulosas narraciones por historias (Lengua de Trapo), merecedora del Premio Tigre Juan.
En Ventajas de viajar en tren, el lector se mueve en un mundo de locos, en el que la excitada imaginación de estos se traduce en identidades falsas; un mundo donde nadie es quien dice ser y donde la palabra, tanto escrita como oral, es vehículo propicio para la impostura, para la suplantación… para la ficción, al fin y al cabo.
Una interesantísima reflexión sobre los límites y posibilidades de la ficción.

"Es cierto que todo aquello podía ser un cuento, palabras, pero es que si nos ponemos así, no hacemos nada en la vida; siempre nos sucederá lo mismo; que lo único que tenemos son palabras. Por eso es tan difícil averiguar la verdad algunas veces. No es que yo sea un nihilista, nada de eso; me limito a constatar un hecho. Lo único que dejamos las personas cuando nos esfumamos es un puñado de palabras. Pero una cosa son las palabras y otra muy distinta la verdad. Algunas veces coinciden y otras no. Las palabras están ahí, las podemos leer y escuchar, aunque muchas veces tampoco sepamos qué significan exactamente; pero la verdad es muy difícil señalarla con el dedo."



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22 enero, 2009

Abrazos


Tengo en mis manos un libro de abrazos.
He tardado en escribir sobre él. Era un regalo de su autor y me gusta tomarme mi tiempo, saborearlo despacio, no apresurarme en descubrirlo todo de golpe.
Me gusta, cuando alguien me regala algo que ha escrito, dedicarle un tiempo pausado, cómodo, largo. ¡Qué menos se merece un regalo así!

Abrazos no es un libro. Son hojas sueltas en las que se alternan los textos de Elías Moro y las ilustraciones (pinturas) de Petra Portillo. La edición corre a cargo de la Escuela de Arte de Mérida y se editó en diciembre de 2006. ¿Por qué estas preciosas ediciones no nos llegan a tantos?.
No es tampoco un libro de poesía aunque haya poemas y también textos poéticos, reflexiones cotidianas, pequeñas historias, referencias cinematógráficas...
Desde la primera página, Elías Moro, parece querer contarnos que es lo que ve, qué es lo que siente, de dónde viene, quién fue alguna vez y qué quedó de aquel tiempo.
Por eso comienza con un "guiño" a aquel libro que publicó, junto a Daniel Casado, en 1999, aquel homenaje a Perec "Je me souviens"-"Me acuerdo", que provocó en todos los que tuvimos la suerte de leerlo un torrente de recuerdos y nostalgias.
Habla Elías entre sus abrazos de lugares comunes, de sombras y de sueños. O teje una sutil y expresiva tela de araña con las películas que, supongo, quedaron en su memoria.
Nos descubre, impúdicamente, la radiografía de su corazón o las promesas que hizo en algún lugar o en algún tiempo.
No son textos para leer de un tirón, sino a pasitos cortos, dejándose llevar por los distintos ritmos, los diferentes sonidos.
Y para volver sobre las huellas que van dejando en nosotros y descubrir que hay paisajes que alguna vez nos pasaron desapercibidos.

Gracias Elías por tus Abrazos. Tan cálidos, tan cercanos, tan humanos...

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