10 marzo, 2012

Ecos de Alicia


En algún lugar alguien desconocido se acerca.
Mira mis libros mientras quién sabe qué recuerdos sacuden su mente.
Alguien, procedente de algún lugar desconocido, sube una escalera y llena mi estancia de luz con su sonrisa ancha, con sus ojos limpios y con esa clara voz que sólo emana de los seres más profundos.
Y me habla, y me cuenta sobre una Alicia, más antigua que la mía, que un padre al que adoraba le regaló en su octavo cumpleaños.
Alguien, hasta entonces desconocido para mí, se acerca a mi corazón sin preludio ni rodeos, recordándome la dimensión exacta del ser humano, su esencia más profunda, y con sólo unas palabras, me dice mucho más que muchos otros en un año.
Y regresa días más tarde, con su libro y su sonrisa para tender un puente de plata entre su alma y la mía, mientras me ofrece sus recuerdos y su tesoro, con la misma emoción que yo los acojo en mi corazón y lo tomo entre mis manos.
Alguien...
En medio de una calle, se acerca hasta mí. Y me habla del pasado, de recuerdos comunes, de otros tiempos de sombrero y gabardina, de fiestas de noche y luna, de árboles de papel y cuentos susurrados.
Y me llena de ternura y de nostalgia, de aquellos instantes felices en los que la pasión era el único motor de cada día.
Alguien, de algún lugar desconocido, se ha vuelto a acercar a mí por mis Alicias, regalándome su tiempo y su mirada y esa voz, tan clara, que sólo poseen los seres únicos.
Alguien...
Deja su voz , esa voz que sólo tienen los seres más intensos, escritas en un papel y un rosal en una bolsa.
Ha mirado mis Alicias y ha vuelto después, cargada con rosas y palabras, para agradecerme, haber compartido lo que amo con ella y tanta gente.
Y me trae la imagen de una estancia a punto de ser abandonada, en la que sólo quedó una rosa en una botella de cristal.
Alguien...
Se acerca con sus cariño y sus alumnos a recorrer mi mundo imaginario. 
No la veo ni la oigo, pero puedo imaginar su voz, esa voz que sólo poseen los seres más generosos, mientras cuenta una historia, casi mía, a unos jóvenes que nunca he conocido.
Y me regala, envueltas bellamente, las huellas de sus pasos, sus miradas interiores, sus asombros, que yo hago míos, de nuevo, añadiendo un nudo más al corazón.

Digo "Alicia" y escucho el eco de otras voces que se acercan desde lejos, para descender conmigo a un mundo subterráneo en el que los sentimientos crecen tan sólo con morder una galleta.
Alguien... 
Ellas bien lo saben.




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16 febrero, 2012

Alicia

Mis "Alicias", esa colección que llevo años atesorando, escogiendo, alimentando y disfrutando, han salido del cálido lugar en el que se refugiaban y están ahora, expuestas a muchas otras miradas, en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Torrente Ballester de Salamanca.

Fue uno de mis primeros libro-libro. Es decir, uno de los primeros que dejó de ser "infantil", para transportarme al mundo de la letra impresa, de las páginas llenas de palabras y menos dibujos, al mundo de las  historias largas, con personajes, trama y final feliz.

Un ejemplar de la editorial Juventud, con dibujos de Walt Disney que me regaló mi madre una -supongo-fría mañana de invierno (en su interior está la fecha en la que lo recibí), en la que yo permanecía acurrucada en la cama con un fuerte sarampión.
Recuerdo la sensación de rasgar el papel de regalo y aspirar el olor que salía de sus páginas, la sensación de tener un libro-libro por primera vez entre mis manos, y que fuera mío, y que pudiera volver a él tantas veces como deseara. La sensación de apartar los álbumes infantiles repletos de ilustraciones para hacerle hueco a ese tesoro que, sin yo saberlo, iba a marcar el inicio de una pasión lectora.

Fue un libro que me produjo cierto desasosiego, cierto misterio, un poco de miedo y alguna sonrisa ante aquellos disparatados diálogos tan infrecuentes en mi mundo de los 5 o 6 años.
Volví a él muchas veces a lo largo de los años siguientes descubriendo, fascinada, que las lecturas de ese libro iban cambiando conmigo. Que, a medida que yo crecía, el libro crecía conmigo volviéndose más fascinante, dando respuestas a las preguntas que mis nuevas experiencias vitales iban sugiriendo. 
Y en ese tiempo fui descubriendo nuevas ediciones, ya no adaptadas para niñas/os, ya no con dibujos de Disney sino de John Tenniel, el ilustrador original.
Otra Alicia en las formas y en el fondo. Una Alicia que, como yo, se iba despidiendo de su inocencia infantil y se enfrentaba, con miedo, a los cambios que su cuerpo y su alma experimentaban.

Y, poco a poco, ese libro se convirtió en un compañero de viaje del que fui descubriendo muchas cosas. Conocí a su autor, el reverendo y matemático, Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por el seudónimo de Lewis Carroll.
Descubrí su pasión por las matemáticas, por la lógica, por la fotografía y por las niñas.
Su timidez, su capacidad fantástica para inventar relatos y las acusaciones y vejaciones que sufrió cuando su amor por las niñas, se transformó en una perversión para los recatados ciudadanos de la Inglaterra victoriana.

Y más tarde, mucho más tarde, fueron llegando Alicias de la mano de amigos, amigas, familiares y conocidos.
Alicias de todas partes del mundo, en todas las lenguas y ediciones y de muchos y diferentes ilustradores internacionales. Ejemplares de librerías de viejo, con olor a moho y años, ejemplares troquelados o en forma de puzzle, álbumes de cromos, o con láminas.
Y con ellos llegaron objetos: cartas, postales, cajitas de música, rompecabezas, muñecos de madera... que parecían haberse escapado de las páginas, tomado forma y darle sentido a una historia subterránea que nunca llegaba a conocer del todo.
Y con cada libro y cada objeto, yo iba escribiendo una historia paralela. La historia de mis relaciones, de mis sentimientos, de mis hallazgos y mis pérdidas.

Esta es una colección de "Alicias", sí, pero es también mucho más. Es la historia de mi vida a través de un libro que una tarde de verano, un reverendo matemático inglés inventó para Alicia Liddle y sus hermanas, durante un paseo en barca por el Támesis.
Él no sabía cuan lejos llegaría su historia. Yo tampoco.






















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08 marzo, 2010

Cuestión de práctica (como casi todo)

"Alicia se rió: no tiene sentido intentarlo, dijo. No se puede creer en cosas imposibles. Yo más bien diría que es cuestión de práctica, dijo la Reina. Cuando yo era joven, practicaba todos los días durante media hora. Muchas veces llegué a creer en seis cosas imposibles antes del desayuno"

Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.

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03 diciembre, 2009

Leyendo

Alicia en Westminster
Saki
Ed. Alpha Decay, 2009

Hector Hugh Munro, Saki, nació en Birmania en 1870.
En 1900 publicó una historia de Rusia y artículos de sátira política que firmó por primera vez con el nombre de Saki.
Yo había leído ya los Cuentos completos, publicados en 2005, pero este libro es una pequeña joya.
Catorce textos en los que este maestro del humor negro conecta a la perfección con el maestro del humor absurdo y surrealista, Lewis Carroll.
Una magnífica sátira de la situación política de la época que sigue siendo válida para muchos de los sucesos que acontecen en nuestros días.
La serie de ilustraciones inspiradas en las de John Tenniel para Alicia, también de corte satírico, añaden valor y humor a la lectura.
Para leer de un tirón con una sonrisa en los labios.


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23 septiembre, 2009

Alicia en el País de las Maravillas

Un pequeño recorrido (hay muchas más versiones) de Alicia en el País de las Maravillas en cine:

1903

Esta película, procedente del UK's National Film Archive, es la primera adaptación cinematográfica que se hizo del libro de Lewis Carroll.


1933


1949


1951


2010

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