26 noviembre, 2011

Tarde de cine

Katie Morosky (Barbra Streisand) es una chica inteligente, que tiene unos ideales muy claros sobre un mundo mejor y más justo para todos, y lucha por ellos sin esconderse ni venirse abajo en un sitio en el que nadie piensa como ella. Es muy profunda, de hecho lo es demasiado, se lo toma todo demasiado en serio. Es una persona que no entiende de estrategias personales es totalmente transparente, de hecho ni siquiera le hacen gracia las bromas. No cae bien a la primera, pero quien la conoce, la quiere, porque tiene un corazón puro. Ella está enamorada de Hubbel (Robert Redford).
Hubbell Gardiner es chico guapo e inteligente, pero es más individualista; le gusta disfrutar de la vida. Tiene un carisma excepcional y se mete a la gente en el bolsillo, y además escribe muy bien. Admira la forma en que ella se enfrenta a los demás defendiendo su causa justa, y le resulta atractiva.


Memries,
Like the corners of my mind
Misty water-colored memories
Of the way we were
Scattered pictures,
Of the smiles we left behind
Smiles we gave to one another
For the way we were
Can it be that it was all so simple then? 
Or has time re-written every line? 
If we had the chance to do it all again
Tell me, would we? could we? 
Memries, may be beautiful and yet
Whats too painful to remember
We simply choose to forget
So its the laughter
We will remember
Whenever we remember...
The way we were...


The Way We Were, (Tal como éramos), 1973 
dirigida por Sydney Pollack y 
protagonizada por Robert Redford y Barbra Streisand.

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27 enero, 2011

Los pobres desgraciados hijos de perra

Tranquilos. No os asustéis. No, no se trata de un insulto, ni de una salida mía fuera de tono (aunque podría decírselo a más de uno sin que me temblara la voz). Se trata del título del último libro del poeta Carlos Marzal, que he terminado de leer hoy.


Con esta novela, el poeta valenciano, regresa a la narrativa después de "Los reinos de la casualidad" publicada, también en Tusquets, en 2005.
Y lo hace como si nunca se hubiera ido, como si la narrativa fuera su elemento natural, en el que se mueve con locuacidad y soltura.

He sido fiel seguidora de su poesía, quizás por esto me atrajo tanto leer esta novela.
Creo que en el fondo, buscaba esa poesía entre sus líneas y la he encontrado, y de ¡qué manera!. La mirada de Marzal es poética, incluso describiendo las cosas más sórdidas, en estos doce relatos que tienen como escenario una urbanización en Portacoeli y como personajes a un grupo de amigos adolescentes -en algunas de las historias, ya en su madurez- que se enfrentan a la vida, intentando exprimirla al máximo.

No sé cuánto hay, en todos estos relatos, de recuerdos personales, de vivencias propias, de personajes reales. Lo leo como si fueran memorias, también se entremezclan con mis recuerdos y mis propios paisajes. Los leo con cierta inquietud, con una mezcla de, a veces, insanas emociones. No me dejan ninguno indiferente.
Tampoco puedo separar un relato del siguiente, parecen más capítulos de una misma novela, y cada episodio se va entretejiendo con el anterior y el posterior para formar una historia única.

Respiro hondo al cerrar el libro. Me ha faltado el aire, en algunos momentos, entre sus páginas.


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