16 octubre, 2010

Una vez leí un libro sólo porque me gustó mucho su cubierta.
No había leído nada de su autor. Lo escogí entre un montón de libros en la mesa de una librería. No leí la solapa, ni la cubierta. No había leído ninguna crítica, ni nadie me había hablado de él.
Pero me gustó mucho su cubierta.

Es esta:


Y después de leerlo me alegré mucho de que tuviera una cubierta tan bonita que llamara mi atención. También me gustó su contenido.
Más tarde me enteré que el autor, Manuel Rico, se había basado en un poema suyo, escrito muchos años antes, para escribir la novela.

Es este:

LA TORMENTA
Habíamos dejado la tarde a medias, la luz
a medias adensarse contra blancas paredes,
en jardines en sombra, en praderas heridas por la llama
de un verano sin paz, tan implacable
como el tono amarillo que hizo de ellas
sólo memoria de un verde amenazado.
Y fue entonces —agosto prescribía
en el pueblo remoto de todos los veranos de la infancia—
cuando la nube puso desolación al aire y vino
la primera tormenta a visitarnos
hasta llenarnos con su olor a distancia y olvido.
Nuestros padres guardaban las hamacas.
Se miraban, sombríos, pues la lluvia anunciaba el retorno
de un tiempo cotidiano sembrado de relojes.
Y nosotros, niños como aquel agua que ablandaba la paja,
corría en torrenteras por los montes y aromaba
de infancias más remotas nuestros ojos,
nos mirábamos tristes pues setiembre llegaba, inevitable,
y era el fin del verano y no podíamos
gozar de aquella oscuridad,
de aquella tarde llena de premoniciones,
de lentos exterminios de una farra apenas intuida, acaso
de un amor inseguro, breve y luminoso como todos
los vividos en aquellos veranos de nuestra pubertad.
Y llegaba la noche y no quedaba
más remedio que huir a la luz amarilla del cuarto de los niños
mientras ellos, los padres, nuestros padres,
jugaban a los naipes esperando
el fin de la tormenta para dar otra luz al verano, otro plazo
de gozo a aquellas horas implacables, más cortas, más huidizasque todas las horas precedentes.

La verdad es que desconocemos el gesto o el hecho que marca, en un momento determinado, nuestro camino. en qué momento juega su papel el azar.

Música: Joan Manuel Serrat y Noa "Es caprichoso el azar"

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1 Comments:

At 1:07 p. m., Anonymous elbucaro said...

Yo estoy convencido que lo que nos acerca a los mejores y desconocidos libros es un misterio, como en tu caso una portada, o una reseña que hace alguien en una entrevista o una crítica en un periódico de provincias...o que nos lo topemos en una estantería en una tarde aburrida. Todo es bueno con tal de empaparse de las letras, Un besote.

 

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