13 septiembre, 2010

hubiera estado dispuesta a cualquier cosa después que esa canción comenzara a latirme adentro
ahí, sentados, casi cómplices, dispuesta a besarte una mano, besarte tímidamente el pulgar de la mano derecha
que apenas entonces soltaba el volante
y meterla luego entre mis piernas porque hoy llevaba falda y tenía frío.

hubiera estado dispuesta a decirte que esta tarde hablé de ti con toda la ternura que conozco
decirte te acuerdas el día en que nos conocimos yo estaba tan distraída y tan nerviosa y di un mal paso
y me caí como se cae de un árbol una fruta, alfrente tuyo.
pero te ofrecí el humo dulce que traía en los pulmones, casi cómplices y ya, fuimos amigos.

hoy estaba dispuesta a cualquier cosa porque ya no te sentí tan tenso o abstraído y te hice reír
y fuimos otra vez los dueños de la casa de campaña, casi cómplices
con un secreto sin lengua merodeando las entrañas irreconocibles de nuestro gesto más involuntario
(gesto único que ninguno de los dos). nada de nada.

aquí, ahora, con el lápiz en la mano y dándote la espalda
sumida en el perfecto silencio que nos acerca por las noches
hubiera estado dispuesta a cualquier cosa. porque ahí

en esa cápsula del tiempo que somos tú y yo juntos las luces brillan más todos los días
la calle es una isla con puertas azules y dormidas y el sueño se nos tuerce de mañana.
mañana. voy a despertar temprano y a dejar el agua derramarse porque ayer
porque nosotros. porque el tiempo juega con mi pelo y todo cambia. yo ya no sé.

y no importa quedarnos callados –recostar la cabeza– estar tranquilos. aquí. tú. conmigo.
haciendo las paces –acercándonos sin previo aviso– queriéndonos a ese nivel que nos descubre
simples, inevitables, muertos de risa
hablando del empedrado de las calles que escogimos al azar para ir más lento.

yo, con mi prisa importada del más allá y tú, parsimonioso como siempre, esquivo.
casi cómplices, de nuevo, casi cómplices, obedeciendo al ritmo ritual de nuestro medio:
el viaje, la rueda, un pan dulce mojado en chocolate caliente
las grietas de una banqueta que ha cedido al poder de la raíz.

y la escritura, amarrándonos a la ansiedad por contar algo
a cada uno de los dedos de tu mano tocando fondo entre mis piernas.
hubiera podido. estuve a punto.

Nicole Cecilia Delgado

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3 Comments:

At 7:59 p. m., Blogger Aires said...

Precioso poema, para leerlo bajo un árbol y dejarse mecer por sus líneas a los sones de la caricia de la brisa.Un besote.

 
At 1:28 a. m., Blogger Isabel said...

Sí,es un poema muy intenso Aires. Suerte con tu blog :-) Un abrazo

 
At 5:06 p. m., Anonymous Anónimo said...

Me gusta lo que escribes, Isabel. Me agrada tu blog por la intimidad poética que contiene. Sin politiqueos y críticas hirientes a nadie. Me produce serenidad leerte. Gracias

 

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