¿Por qué, hasta cuándo, en qué momento
se reunirán todas esas miradas en haz trepidante,
para hacerse breve rayo definitivo?
Carmen Conde
14 julio, 2009
Convivencia
"Cuando dos textos, dos afirmaciones, dos ideas se oponen, esforzarse en conciliarlas más que en anular la una por medio de la otra; ver en ellas dos facetas diferentes, dos estados sucesivos del mismo hecho, una realidad convincente porque es compleja, humana porque es múltiple".
El beso de la sirena negra Jesús Ferrero Ed. Siruela, 2009
«No le pido que indague en el alma de mi hija, sólo le pido que averigüe dónde se encuentra y qué clase de vida está haciendo.» Éste es el encargo que Lucía Valmorant hace a la detective Ágata Blanc para que localice a su hija. Las investigaciones la llevan hasta París, donde se encontrará con la verdadera Alize... Ágata será atraída por caminos que nunca habría imaginado y que la estaban aguardando como una revelación. Una novela que ahonda en el lado oscuro que todos escondemos, sin perder de vista lo mejor de la tradición noire clásica.
Mujer-marea, mujer-misterio. Libre como los pájaros que vuelan por encima de mares y montes. A veces solitaria y esquiva, a veces cercana y sin embargo ausente. Hay algo inaprensible en ella, algo inalcanzable, algo escurridizo y volátil en su forma de estar y ser junto a los otros. Le supongo y le intuyo una vida interesante, llena de aventuras y misterios. Años de viajes, de largas y cortas estancias en muchos lugares. La imagino, sin embargo, paseando por las calles de un pequeño pueblo salmantino que tiene el nombre del sepulcro de un obispo, con la mirada en el horizonte y el alma llena de nostalgias. Suele escuchar mejor que habla. Y es la suya una escucha atenta llena de curiosidad e interés por lo que se esconde detrás de las palabras. Suele escuchar mejor que habla, pero cuando habla puede dejar sin palabras a su interlocutor mientras su sonrisa matiza lo que dice como si no hubiera querido decir eso. Tiene una mirada franca, de esas que miran hasta el fondo buscando lo esencial, lo que es invisible a los ojos. Tiene una sonrisa grande y mueve las manos suavemente, como un avión planeando sobre la noche. Y tiene un corazón generoso al que le cuesta decir "no". Me gusta la libertad que emana, el aire fresco que la envuelve, su capacidad para perderse en cualquier sueño y para desaparecer, como un hada, en el horizonte. Pero lo que más me gusta de ella es que siempre está dispuesta a la aventura, como la capitana de una historia de piratas , con su equipaje y su nave siempre prestos para partir, sin preguntarse jamás cuál es la misión o el destino del viaje.
Historia de las despedidas Pedro Sorela Alianza Literaria
“Historia de las despedidas” es una recopilación de relatos que versan, de una forma directa o indirecta, sobre la experiencia del viaje no sólo geográfico sino también, y sobre todo, de los viajes que todos hacemos a través de sueños y deseos y que nos descubren facetas desconocidas de nosotros mismos. viajes que nos abren los ojos a la diferencia, pero también constatan que nos movemos por caminos trillados, por senderos que creemos conocer, pero que en verdad apenas atisbamos.
"Cuando yo uso una palabra", dijo Humpty Dumpty con cierto menosprecio, "significa exactamente lo que yo quiero que signifique. Nada más y nada menos". "La cuestión es", dijo Alicia, "si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas distintas". "La cuestión es", dijo Humpty Dumpty, "quién es el que manda. Eso es todo".
Siempre tiene una palabra amable, un gesto cariñoso, una sonrisa a punto. Le es fácil ser amable con todos, por eso no me sorprende que sea capaz de sacar fuerzas para enfrentarse cada día, en su trabajo, a miles de problemas sociales y humanos. Porque Cr. es ante todo tremendamente humana, con un enorme corazón y una inmensa capacidad para comprender los problemas de los demás. Siempre tengo la sensación, con ella, de que es una inmensa gruta cálida y acogedora, en la que cualquiera que lo necesite puede protegerse de los rigores invernales del corazón. A veces también me parece tímida. Como si todo lo que es no le pareciera suficiente para sentirse segura, como si temiera expresar lo que siente por temor a que no fuera importante, como si sólo se sintiera pisando tierra firme cuando se enfrenta a los problemas cotidianos en los que pueda ser de gran ayuda. Me gusta mucho de ella la relación que mantiene con su hermana, con su hermano... como disfruta de sus logros o de sus éxitos, como sufre con ellos sus tristezas y sus problemas. Me gusta mucho también, por lo que puedo intuir a retazos, la relación que tiene con sus hijas y con su compañero de vida, a los que acompaña permanentemente -imagino- con esa solidez que transmite, con esa ternura que emana de su grave voz y su sonrisa. Y me gusta la relación que mantiene con paisajes que yo amo que, sin ser suyos, han conseguido formar parte de su vida y sus recuerdos. Me gusta mucho Cr. aunque siempre se siente enfrente de mi y nunca a mi lado, aunque parezca -a veces- que estamos lejos, aunque nunca hayamos mantenido una larga charla sobre la vida, sobre el amor, sobre la muerte... Quizás porque dentro de mi, yo presiento un puente tendido por el que puedo cruzar, cuando quiera, hasta su orilla.
Me encanta cuando la miro y la sorprendo con los ojos cerrados a lo que le rodea y abiertos, con mirada soñadora, para traspasar horizontes en los que se sienta, escobillas en mano, en el escenario de un concierto. Me encanta su capacidad para disfrutar, inmensamente, con realidades y sueños, como si no hubiera límites definidos entre lo real y lo onírico. A veces, tengo la sensación de que el tiempo no ha pasado por ella, y que ha sido capaz de conservar lo mejor de la niñez: la infinita curiosidad, la alegría, la inocencia, la mirada limpia y la palabra sincera. Me gusta mucho estar con ella, porque nadie -tanto y tan bien-es capaz de disfrutar a mi lado con la música que a mi me gusta, que a ella le gusta. Porque nadie -tanto y tan bien- descubre los sonidos detrás del ruido y del silencio, iluminando su cara con una inmensa sonrisa para decir emocionada -"escucha... sabes quién es?". Sé que no tiene todo lo que se merece, porque la vida no suele ser justa con las mejores personas. Sé también que tiene tantos sueños que será imposible poder realizarlos todos en esta vida. Que necesitará muchas otras vidas para lograrlos. Aunque a veces dudo que no sea capaz de cumplirlos: tan alta es su emoción y la intensidad de su espíritu. A mi me devuelve, cada vez que estoy con ella, la fe en lo mejor de las personas, me mantiene inquieta en la búsqueda de nuevos estímulos y me exige -sin exigirme nada- que no me quede parada, que siga soñando, y buscando y deseando. Tiene el pelo corto y rebelde, y sus ojos risueños ocultan secretos que nunca sabremos. Recuerdo un día en su tierra. La emoción con la que nos paseó a todos por los paisajes de su infancia, su forma de señalar con el dedo eso y aquello y eso otro... como si quisiera introducirnos en los momentos más felices de su niñez a través de sus manos que se agitaban como mariposas diurnas en un bosque encantado. Conozco su debilidad y su fuerza, su capacidad de amar y su ternura, su exuberancia y su timidez, su alegría y su tristeza, sus caminos y sus fronteras. Nada sería igual ya en mi vida, en nuestras vidas, sin su presencia llena de luz. Podría seguir diciendo muchas cosas más de María, pero prefiero hacerlo con música. Con su música.
Qué mejor que esta mañana de niebla, de miércoles, de junio, de 2009... para escuchar el último disco de un hombre afortunado: el señor Chris Isaac.
Compositor de himnos como "San Francisco days", "Somebody's crying" o "Baby did a bad, bad thing", Isaak atravesó la puerta de la fama gracias a "Wicked game", ejemplo de sensualidad que David Lynch utilizó para la película "Corazón Salvaje". Además, ha actuado en filmes como "El silencio de los corderos", "Twin Peaks: Fuego camina conmigo" o "The Wonders".
Las catorce canciones incluidas en "Mr. Lucky" (Warner) reinciden en las pulsaciones románticas de Isaak. Amor y desengaño, romance y desgarro sentimental, fluyen en temas como "Baby, baby" -que bien podría ser un homenaje a su admirado Roy Orbison-, "We let her down", "Cheater's town" o "We lost our way".
He disfrutado mucho con esta novela, la única de su autor, publicada por El Acantilado en su colección: "Narrativa del acantilado". La novela está formada por siete escenas ordenadas en tres bloques.
El primero es En verano, que contiene episodios familiares y de infancia del niño protagonista. El segundo es En invierno, que sólo contiene un relato, La alegría de Dios, donde se narran los sufrimientos interiores del chico, interno en un colegio de jesuitas. El tercero, En veranootra vez, contiene tres escenas, tres escalones sucesivos hacia el enamoramiento entre los dos protagonistas.
No digo yo que sea una gran novela, aunque dicen de ella que se ha ido revalorizando con el paso del tiempo, y que hay quien la considera hoy como una de las mejores de la España de la posguerra. Pero tiene momentos fantásticos y un final espléndido, está muy bien conseguida la visión infantil de algunas escenas, y es perfecto el modo en que, gradualmente, el narrador va siendo consciente de la presencia de Helena, a la que al principio ni siquiera ve...
"Te escogerá de entre la multitud, te desarmará con sus palabras y te controlará con su presencia. A tí te encantarán su ingenio y sus planes. Te lo hará pasar bien, pero piensa que después te pasará factura. Te sonreirá y te engañará y, luego, te atemorizará con su mirada. Y cuando haya acabado contigo, y ten por seguro que lo hará, te abandonará llevándose consigo tu inocencia y tu orgullo. Te dejará más triste, pero no más sabio, y durante mucho tiempo te preguntarás qué pasó y qué hiciste mal. Y, después, si otra persona así llama a tu puerta, ¿abrirás?".
Javier Lorenzo Candel (Albacete, 1967) es autor de libros de poemas como Hotel Central (Sial, 2001) y Juegos de construcción (Visor, 2004). Premio Fray Luis de León.
Era una romántica por su sensibilidad y el tono meláncolico de sus versos.Era también una existencialista que miraba siempre a su infancia como lugar mítico esencial.Fue una surrealista, onírica y metafórica, que hizo de su propia vida un poema.Solía citar a sus poetas favoritos, los que influyeron más claramente en su poesía: Rimbaud, Nerval, Baudelaire, Milosz y Rilke.Los temas de Olga Orozco tocan lo inescrutable: el tiempo, el destino, la ausencia, la pérdida del reino, la palabra o el amor como paraíso recobrado. También la muerte, que le aterraba. Nació en la Pampa argentina en 1920 y murió en 1999. Cuando murió, encontraron en su mesa de trabajo dos carpetas que contenían poemas mecanografiados y firmados: sus "Últimos poemas", como si la escritora hubiera intuído su muerte.
Debajo de esas nubes desgarradas hay una casa en llamas en donde los amantes trasmutaban en oro de eternidad el resplandor de un día, o tomaban las apariencias de ladrones de pájaros aprisionando entre los hilos del ocio las metamorfosis de sus propias imágenes. Hay una luz dorada que hiere hasta las lágrimas; hay un lecho también como una barca invadida por el follaje del deseo -unas hojas carnosas que exhalan el perfume de los más largos viajes-.
Quiero quedarme en medio de los libros vibrar con Roque Dalton con Vallejo y Quiroga ser una de sus páginas la más inolvidable y desde allí juzgar al pobre mundo no pretendo que nadie me encuaderne quiero pensar en rústica con las pupilas verdes de la memoria franca en el breviario de la noche en vilo mi abecedario de los sentimientos sabe posarse en mis queridos nombres me siento cómodo entre tantas hojas con adverbio que son revelaciones sílabas que me piden un socorro adjetivos que parecen juguetes quiero quedarme en medio de los libros en ellos he aprendido a dar mis pasos a convivir con mañas y soplidos vitales a comprender lo que crearon otros y a ser por fin este poco que soy.
Las manos de mi madre parecen como pájaros en el aire historias de cocina entre sus alas heridas de hambre.
Las manos de mi madre saben que ocurre por las mañanas cuando amasa la vida horno de barro pan de esperanza.
Las manos de mi madre llegan al patio desde temprano todo se vuelve fiesta cuando ellas juegan junto a otros pájaros junto a los pájaros que aman la vida y la construyen con los trabajos arde la leña, harina y barro lo cotidiano se vuelve mágico.
Las manos de mi madre me representan un cielo abierto y un recuerdo añorado trapos calientes en los inviernos.
Ellas se brindan cálidas nobles, sinceras, limpias de todo ¿cómo serán las manos del que las mueve gracias al odio?
Un poco de luz en este post. Luz de día, luz de luna, luz de candileja y de chimenea, luz de ambiente y luz de gas...
Hoy escribo sobre ella. Sobre M.L. Tiene el pelo blanco y los ojos llenos de chispas, como las brasas de un brasero. Ceniza y fuego. Tiene una pícara sonrisa llena de dulzura y una forma de hablar a juego con su sonrisa. Apenas nos cuenta cosas de sí misma, como si tuviera una inmensa despensa en su corazón en la que va guardando sus secretos, que a veces se desvelan en una conversación fortuita o en una casualidad casual. Y ¡ay de nosotros cuando lo hace!, porque entonces descubres que la luz no sólo está en sus ojos o en su pelo sino que inunda su alma y su corazón y se desborda, de repente, por todos los poros de su piel. Pero es tan delicada que evita producirnos sobresaltos, tan reposada que evita contagiarnos de tristeza, tan respetuosa con los demás que evita arrastrarnos en sus caídas, como si se sintiera en la obligación de protegernos de los desastres y los baches que la vida va poniendo en su camino. Cuando pienso en ella, la imagino siempre haciendo algo. construyendo con las manos un mundo en calma lleno de olores, sabores y sensaciones. La imagino, por ejemplo, en la cocina haciendo conservas y mermeladas, o dando un paseo por el campo recogiendo romero y orégano que luego meterá en bolsitas bordadas con iniciales para perfumar cajones y armarios. También la imagino concentrada en la lectura o charlando, sosegadamente, con su gente más cercana. A veces, cuando la miro, la pienso sentada delante de una chimenea contando pequeñas historias de esas que siempre te dejan con hambre de otra vez y otra vez y otra vez... También puedo pensarla riendo a carcajadas, a pesar de tantas cosas. Cada navidad, nos pone un nudo en el corazón en forma de un damero que elabora con cuidado y nos regala a cada una, haciendo un peuqeño homenaje a su padre que durante años lo hizo para sus hijos. Hoy he puesto luz en este pequeño post. Por ella. Gracias a ella.
Hoy quiero hablar del Mobbing, esa situación en que una persona o grupo de personas ejercen una violencia psicológica externa, de forma sistemática, durante un tiempo prolongado, sobre otra persona en el lugar de trabajo.
¿En qué consiste el psicoterror laboral? El Psicoterror en la vida laboral conlleva una comunicación hostil y desprovista de ética que es administrada de forma sistemática por uno o unos pocos individuos, principalmente contra un único individuo, quien, a consecuencia de ello, es arrojado a una situación de soledad e indefensión prolongada, a base de acciones de hostigamiento frecuentes.
Como consecuencia de la alta frecuencia y larga duración de estas conductas hostiles, tal maltrato se traduce en un enorme suplicio psicológico, psicosomático y social. Muchos estudiosos explican el origen del mobbing en el deseo intrínseco de poder que tenemos las personas, llegando a haber una mezcla explosiva cuando, en muchas ocasiones, a este deseo se le unen emociones intensas tales como la envidia.
¿Cuál es el perfil del acosado? El perfil del acosado responde al de una persona (se ha encontrado un mayor porcentaje en mujeres), de entre 35 y 45 años, brillante, preparada, responsable, trabajadora, sociable y colaboradora.
¿Cual es el perfil del acosador? El acosador, bajo una apariencia externa de seguridad y firmeza, suele ser una persona insegura, temerosa de perder su puesto de trabajo y capaz de hostigar sutilmente al acosado a lo largo del tiempo.
¿Qué conductas incluye el mobbing? El acosador ridiculiza al acosado, y no solo su trabajo, también su forma de vestir, estilo de vida, su voz, gestos… Cuando el acosador tiene un rol en el trabajo superior al acosado, éste le asigna tareas demasiado complejas para su titulación, o bien demasiado simples y repetitivas, ocultándole información importante e incluso variando la información sin criterio y de manera continua, diciéndole un día una cosa, y otro otra, con lo cual cargos superiores al acosador reciben un input negativo del trabajo y la capacidad que en realidad tiene el acosado. El acosador esconde información relevante al acosado, y favorece a otros empleados en presencia de la “víctima” fomentando en su interior un sentimiento de injusticia y desigualdad que muy probablemente le traerá repercusiones en su vida personal. (ansiedad, depresión, irritabilidad, frustración…etc.).
¿Qué hacen las empresas? En la actualidad las empresas no están del todo preparadas para abordar una situación de mobbing, y la mayoría de las veces, ni las reconocen, llegando incluso a veces a despedir a la persona acosada por considerarla injustamente no preparada para el cargo, y otras tomando parte conciliadora, algo que suele llevar a empeorar el problema. Hay una serie de factores que pueden empeorar e incluso fomentar el mobbing: empresas con poco apoyo por parte de los superiores, mala organización del trabajo y mala comunicación de superiores a subordinados, aparición de líderes espontáneos y sin preparación o perfil adecuado para el cargo...etc. Es curioso, y a la vez lamentable, observar cómo, personas llenas de vida y empuje, acaban sufriendo episodios depresivos, accesos de llanto en el propio trabajo, crisis de ansiedad, estrés... todo esto mientras un sentimiento de impotencia les llena al verse incapaces de controlar su entorno laboral.
Son testigos en primera persona, (mientras se hace mella en su autoestima), de cómo se tergiversa la realidad, de cómo se transmite a sus superiores una imagen distorsionada de su persona, competencia y profesionalidad, transmitiendo ser una persona inestable e insegura e incluso llegando muchas veces a pensar que es incompetente, poco preparada para el cargo o “problemática” sin serlo en absoluto. De mientras…observa cómo el acosador, que es consciente de sus propias carencias (a veces falta de competencia para sus tareas, poca seguridad en sí mismo, poco trabajador, poca constancia…), dispone de suficiente habilidad como para transmitir lo contrario, mientras suple sus errores a base del esfuerzo y trabajo del acosado o sus subordinados. El entorno social del acosado también padecerá las consecuencias del mobbing, ya que convivirán con una persona a la que quieren y la verán triste, amargada, desmotivada, sin expectativas ni ganas de trabajar. La depresión está cerca.
Mónica Mendoza Licenciada en Psicología Directora Comercial de Solostocks.com
Nos conocemos hace mucho, mucho tiempo y, sin embargo: nos hemos visto, nos hemos dejado de ver, has desaparecido, te he reencontrado, me he marchado, he vuelto, hemos compartido confidencias, intimidades, risas, llantos, consejos, nos hemos desobedecido, nos hemos ayudado, nos hemos ignorado, nos hemos soportado, hemos sido cómplices, amigas, compañeras, hemos sido extrañas, ajenas, indiferentes...
Pongámonos serias E.
Lo nuestro no ha sido una amistad al uso ni al desuso. No hemos comido pizza juntas, ni spaguetti bolognesa. No hemos intercambiado la ropa, ni hemos visto, juntas, las estrellas del verano. No hemos bailado en las plazas de los pueblos ni hemos jugado, en pareja, a las canicas.
Pero E. Hemos compartido el gusto por los libros ilustrados las ideas peregrinas los métodos subversivos los cambios inestables las atmósferas limpias el color y el calor de las miradas y la pasión por los viajes.
Por eso E. hoy aquí y ahora te prometo la fidelidad de las mareas el retorno de la luna lo que fue y puedo haber sido Y mantengo mi promesa de seguir siendo tal y como tú me esperas.
No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma
no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios
no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo
pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana
y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo.
"Cuando yo uso una palabra", dijo Humpty Dumpty con cierto menosprecio, "significa exactamente lo que yo quiero que signifique. Nada más y nada menos". "La cuestión es", dijo Alicia, "si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas distintas". "La cuestión es", dijo Humpty Dumpty, "quién es el que manda. Eso es todo".
Un libro Los confines Andrés Trapiello Destino, 2009
Una historia de "amor absoluto", por encima de la moral y de los tabúes impuestos. "Nada está escrito", se repiten los protagonistas de esta historia en la que el deseo les hará enteramente fuertes y enteramente libres.
Un disco Camphor and Copper Melissa Laveaux
Primer disco de esta canadiense de padres hatianos. Un disco minimalista en arreglos e instrumentación. Todo el peso está en su magnífica voz y en sus letras -cantadas en tres idiomas diferentes- y en el modo que tiene la cantante de acompañarse con su guitarra. Un disco para disfrutar intensamente.
Una película Old Joy dirigida por Kelly Richard
Una película sencilla en extremo, poco pretenciosa en su forma y su cadencia, pero intensamente sensible y profunda, posible de ser interpretada de varias maneras, interpretaciones que además (y como sucede en cada obra coherente y vital) se conectan unas con otras, potenciándose. La historia es la de un viaje a unas termas que emprenden dos viejos amigos. Old Joy es la historia de una amistad que se extingue pese al esfuerzo que ambos personajes hacen por salvarla.
escribo barco y una quilla hiende el vastísimo mar y los árboles crecen de los espacios de niebla entre mirada y mirada se mueven animales presos a la tierra con sus plumajes de hierro y de rocío de oro cuando la luna se eclipsa comunicándoles el celo y la nómada alegría de vivir
pienso otoño o invierno y el fuego resinoso de los pinares se escurre sobre el rostro sobre el cuerpo en tímidos gestos éste es el tiempo del capricornio reducido al escondrijo tatuado en el ala mineral del ave en pleno vuelo y digo nubes relámpago hierba aguas hombre escalofrío océanos sal exhaustos cuerpos trashumantes pasiones digo y surge irrumpe se escurre se yergue se mueve vive muere mas que nadie piense que es sencillo nombrar colocar y desordenar el mundo
para que no se apague esta trémula escritura necesito el sueño y la pesadilla la proximidad vertiginosa de los espejos y pernoctar en el fondo de mí con las manos sucias por el arduo trabajo de construir los gestos exactos de la alegría que por descuido dios abandonó al cansancio al fin del séptimo día.
Igual que en otras ocasiones ha pagado su tributo de los excesos de la noche del jueves, en la que cientos de jóvenes salen a divertirse y, unos cuantos, salen a destruir. Pero hoy, estas heridas, me han dolido más que otras veces. No por los rastros de sangre y la puerta rota en mi portal, ni por los restos de botellas y vasos rotos en las aceras. Tampoco por las vomitonas y los restos de orín que sorteábamos los más madrugadores, ni por las papeleras reventadas en el suelo. Quizás sí por esos dos árboles jóvenes, que yacían tronchados mostrando sus verdes hojas recién nacidas o por las rosas arrancadas de cuajo de la plaza junto a la que vivo. Pero, sobre todo, el dolor de estas heridas proviene de ser consciente de nuestro gran fracaso como adultos, como seres humanos, como personas. Que herir la noche de una ciudad sea, hoy por hoy, una diversión, nos convierte a todos en monstruos esperpénticos, confirma nuestra inutilidad, nuestra perversión, nuestra falta de sensibilidad y nuestra incultura.
Estos días, celebramos en Salamanca la 29 Feria del Libro. Durante 29 años, se han repetido actividades con colegios, encuentros con autores, espectáculos teatrales y conciertos en la Plaza mayor de la ciudad. Por allí han pasado miles de niños acompañados por madres, padres y maestras/os, para escuchar los más bellos cuentos cada mañana. Historias que hablan, de una forma más o menos explícitas, de paz, de convivencia, de tolerancia...
No es que no crea en el poder de la cultura, en esta posibilidad de conocer mejor lo que nos rodea, para aprender a respetarlo y valorarlo. Pero hoy, mientras veía a los niños/as escuchando los cuentos en la pequeña biblioteca infantil instalada en la plaza, me acordaba de la ciudad herida, y me preguntaba -dolorida- cuál será el secreto, la actitud que debemos mostrar, los valores que debemos enseñar, nuestros fallos educativos, los intereses que debemos transmitir a nuestros niños para que, cuando sean jóvenes salgan a divertirse sin heridas.
No sé si estaré muy equivocada, pero tengo la sensación que, hoy por hoy, hemos abandonado la cultura del deseo. Me explico. Desear algo era una sensación que antes tenía su propio tiempo, su propio espacio. Recuerdo, por ejemplo, que cuando era pequeña, deseé con fuerza unas sandalias rojas que había visto en el escaparate de una zapatería. Cada día desviaba mi camino de regreso del colegio, para pasar por la tienda y me quedaba durante un tiempo indefinido con la nariz pegada al cristal observando las sandalias. Llegaba a formarse un espeso vaho en el lugar en cuestión, que yo borraba con mi dedo, dejando el cristal hecho un asco. Cada día hablaba en casa, con mi madre, de aquellas sandalias, haciendo una enérgica defensa de la importancia, la utilidad y el beneficio que supondrían, para mí, que me las compraran. Cada día, la respuesta era la misma y mi frustración mayor, a la par que el deseo se volvía de tal forma acuciante, que me mantenía alerta espiando la posible venta y consecuente retirada de aquellas sandalias del escaparate de la zapatería. No sé cuanto tiempo esperé por ellas. Fuera el que fuera se me hizo eterno. Al final, una feliz coincidencia -el viaje de mi madrina a Badajoz por aquellas fechas- hizo posible que mi deseo se viera cumplido. El placer, inmenso, con el que disfruté aquellas pequeñas sandalias rojas, me mostró la importancia de la espera, y la capacidad que todos tenemos de alimentar lo que anhelamos.
Ayer, escuchaba a Rafael Argullol y recordé el episodio infantil de mis sandalias. Algo así -con otros motivos- explicaba el escritor.
Hoy en día, estamos en la cultura de la adquisición inmediata. La obtención rapidísima de información gracias a Internet, ha acabado con las búsquedas acá o allá, pateando bibliotecas y consultando obras de referencia. La cómida rápida en las cadenas internacionales de los restaurantes fast food, ha acabado con la espera, placentera y deseada, de una comida elaborada a fuego lento que aparecía por sorpresa en tu plato deleitando mas de un sentido. Las tardes interminables en las tiendas de discos, ajustando el presupuesto para decidirnos entre éste o aquel álbum deseado, ha dejado paso a la búsqueda inmediata en cualquier web musical que te permite oir, inmediatamente, lo que deseas sin necesidad de moverte de casa. La seducción ha dado paso a la obviedad. Todos decimos lo que pensamos o sentimos inmediatamente sin esperar a que el otro lo intuya o lo averigue por su cuenta mientras nos vamos descubriendo poco a poco.
No hay paciencia. Es el aquí y ahora. No hay tiempo de espera, no hay largos caminos. Todo son atajos o autopistas. Se trata de llegar cuanto antes, de conseguir inmediatamente, de no hacer esfuerzos. Se valora lo que cuesta poco y los artesanos han perdido con sus productos manufacturados, frente a los "chinos" o las tiendas de "todo a 1 euro"
Por eso, a veces me escapo. Huyo del ritmo frenético de estos tiempos y me encierro en mí misma, para perder tiempo en desear algo.
Así que ahora, cuando veo unas sandalias rojas en el escaparate de una zapatería, invento el tiempo del deseo y regreso sobre mis pasos, un día tras otro, pegando mi nariz al cristal empañado, durante el tiempo prudente para fomentar ese placer. Para alimentar mi cuerpo y mi alma de ese tiempo de espera, de ese tiempo de deseo que conferirán al objeto, una vez poseído, un valor y una intensidad inigualable.