23 febrero, 2012

Buen humor

Nunca he sido una lectora de libros de humor, o libros para mondarse de risa. 
El simple hecho de que alguien me recomendara un libro divertido, me hacía ignorarlo y no seguir su sugerencia.
No se por qué esta animadversión hacia la risa en la literatura, pero haciendo memoria descubro que, después de todo, sí he leído libros que me han hecho reír y la verdad es que me lo he pasado estupendamente.
Hoy, cansada de noticias tristes y de episodios oscuros, propongo la risa como medicina, como evasión, como huida hacia delante o como fórmula magistral para cambiar la mirada sobre muchas de las cosas que nos rodean.
Así que voy a recomendar, desde aquí, algunos libros en los que el humor, la ironía incluso la carcajada, están asegurados.


Ómnibus Jeeves. P. G. Wodehouse. Anagrama


Decadencia y caída. Evelyn Waugh. Ed. Anagrama



La suerte de Jim, de Kingsley Amis. Destino



Billy el mentiroso. Keith Waterhouse. Ed. del Viento


Y como hoy ha hecho un día de primavera y el sol ha sonreído también...


19 febrero, 2012

Sin palabras...

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16 febrero, 2012

Alicia

Mis "Alicias", esa colección que llevo años atesorando, escogiendo, alimentando y disfrutando, han salido del cálido lugar en el que se refugiaban y están ahora, expuestas a muchas otras miradas, en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Torrente Ballester de Salamanca.

Fue uno de mis primeros libro-libro. Es decir, uno de los primeros que dejó de ser "infantil", para transportarme al mundo de la letra impresa, de las páginas llenas de palabras y menos dibujos, al mundo de las  historias largas, con personajes, trama y final feliz.

Un ejemplar de la editorial Juventud, con dibujos de Walt Disney que me regaló mi madre una -supongo-fría mañana de invierno (en su interior está la fecha en la que lo recibí), en la que yo permanecía acurrucada en la cama con un fuerte sarampión.
Recuerdo la sensación de rasgar el papel de regalo y aspirar el olor que salía de sus páginas, la sensación de tener un libro-libro por primera vez entre mis manos, y que fuera mío, y que pudiera volver a él tantas veces como deseara. La sensación de apartar los álbumes infantiles repletos de ilustraciones para hacerle hueco a ese tesoro que, sin yo saberlo, iba a marcar el inicio de una pasión lectora.

Fue un libro que me produjo cierto desasosiego, cierto misterio, un poco de miedo y alguna sonrisa ante aquellos disparatados diálogos tan infrecuentes en mi mundo de los 5 o 6 años.
Volví a él muchas veces a lo largo de los años siguientes descubriendo, fascinada, que las lecturas de ese libro iban cambiando conmigo. Que, a medida que yo crecía, el libro crecía conmigo volviéndose más fascinante, dando respuestas a las preguntas que mis nuevas experiencias vitales iban sugiriendo. 
Y en ese tiempo fui descubriendo nuevas ediciones, ya no adaptadas para niñas/os, ya no con dibujos de Disney sino de John Tenniel, el ilustrador original.
Otra Alicia en las formas y en el fondo. Una Alicia que, como yo, se iba despidiendo de su inocencia infantil y se enfrentaba, con miedo, a los cambios que su cuerpo y su alma experimentaban.

Y, poco a poco, ese libro se convirtió en un compañero de viaje del que fui descubriendo muchas cosas. Conocí a su autor, el reverendo y matemático, Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por el seudónimo de Lewis Carroll.
Descubrí su pasión por las matemáticas, por la lógica, por la fotografía y por las niñas.
Su timidez, su capacidad fantástica para inventar relatos y las acusaciones y vejaciones que sufrió cuando su amor por las niñas, se transformó en una perversión para los recatados ciudadanos de la Inglaterra victoriana.

Y más tarde, mucho más tarde, fueron llegando Alicias de la mano de amigos, amigas, familiares y conocidos.
Alicias de todas partes del mundo, en todas las lenguas y ediciones y de muchos y diferentes ilustradores internacionales. Ejemplares de librerías de viejo, con olor a moho y años, ejemplares troquelados o en forma de puzzle, álbumes de cromos, o con láminas.
Y con ellos llegaron objetos: cartas, postales, cajitas de música, rompecabezas, muñecos de madera... que parecían haberse escapado de las páginas, tomado forma y darle sentido a una historia subterránea que nunca llegaba a conocer del todo.
Y con cada libro y cada objeto, yo iba escribiendo una historia paralela. La historia de mis relaciones, de mis sentimientos, de mis hallazgos y mis pérdidas.

Esta es una colección de "Alicias", sí, pero es también mucho más. Es la historia de mi vida a través de un libro que una tarde de verano, un reverendo matemático inglés inventó para Alicia Liddle y sus hermanas, durante un paseo en barca por el Támesis.
Él no sabía cuan lejos llegaría su historia. Yo tampoco.






















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11 febrero, 2012

Serenata para la tierra de una

A veces me gustaría exiliarme.



Salir de aquí, huir lejos de sus políticos, de las voces demasiado altas, de la envidia y de la fiesta nacional.
De las injusticias y las estulticias, de las/los folclóricos, de los orgullos provincianos, de sus jueces injustamente juzgados, de los ladrones de guante blanco y sus poltronas inalterables.
De los bares llenos de servilletas en el suelo, de los bancos rotos de los parques, de los casi nunca-"por favor", de las casi nunca-"gracias", de los nunca "con permiso".
Del enfado permanente de los conductores al volante y su facilidad para el insulto, de las impuntualidades, de la burocracia, a veces tan inútil y desesperante, de la picaresca, de los que engañan: al fisco, al jefe, al cliente, al vendedor, a la mujer, al hombre y además se enorgullecen de hacerlo.
De los que hablan siempre de fútbol, de la televisión casposa que parece estar ajena a todo lo que está cayendo, ofreciendo programas incultos y sin ningún fin educativo, estético o formativo.
Harta de un país en el parece que siempre habrá señoritos y criados, servidores y servidos, maltratadores y maltratadas/os.
Harta de un país que parece no tener memoria, en el que se mantienen ideas por inercia y no por deducciones y experiencias propias, en el que se critica sin conocer la verdad, en el que se juzga sin pelos en la lengua y sin motivos fundados, en el que se condena, sin piedad, al inocente y se justifica, sin razón, a los culpables.


Pero, porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy, eso ocurre sólo a veces.

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04 febrero, 2012

La poeta polaca

Wislawa Szymborska
La otra noche, en una cena después de un concierto, mi amiga, la poeta Charo Ruano, me decía a propósito de la muerte de la poeta polaca Wislawa Szymborska, que el Premio Nobel quedaba justificado por el simple hecho de habernos dado a conocer a esta escritora.

¡Cuanta razón, querida Charo! Desde que la descubrimos gracias al premio (muy pocos la conocían anteriormente), no hemos podido sacarla de nuestras cabezas y nuestros corazones. 
La hemos leído de cabo a rabo y de norte a sur. Hemos recomendado sus libros, copiados sus poesías en blogs, cuadernos, o papeles sueltos perdidos en el fondo de algún bolso.
Nos hemos emocionado, hemos sonreído, nos ha hecho perdernos y encontrarnos y nos ha devuelto la fe en la poesía auténtica, sin artificios ni falsos engolamientos. Esa poesía natural, con palabras precisas, -huía siempre de las grandes palabras-reflexiva y que nos toca el corazón sin sentimentalismos baratos ni cursiladas floridas. 


Yo la poesía de la Szymborska me la creo, como me pasa con Ángel González o Álvaro Valverde, por citar dos poetas que sigo y admiro.
Y me la creo porque nada es gratuito, no hay adornos ni florituras y me dice las cosas que querría decir yo si supiera escribir y quisiera expresar, de forma poética, lo que me pasa, lo que veo o lo que siento.
Nada más recibir el Nobel, y una vez pasado el asombro inicial, la poeta polaca se introdujo en nuestras lecturas y en nuestras vidas con la naturalidad del que siempre estuvo a nuestro lado sin que nosotros lo supiéramos.


Hace unos días decía, de ella, el escritor y poeta Eduardo Jordá:
"El famoso poema del gato que se queda solo tras la muerte de su dueño –"Un gato en un piso vacío"– empezó a ser uno de los poemas más leídos en funerales y ceremonias fúnebres. El lehendakari Patxi López leyó un poema de la Szymborska en su discurso de investidura. Alfabia, la editorial de la mallorquina Diana Zaforteza, publicó hace poco Lecturas no obligatorias, las maravillosas reseñas de libros en las que Szymborska hacía sus inteligentísimos comentarios sobre Montaigne o la poesía china, pero también sobre la jardinería, la vida extraterrestre o el arte floral. Y hace pocos días leí que la princesa Mette-Marit de Noruega había felicitado el cumpleaños de su hija en twitter. El hecho en sí, por supuesto, no tenía nada de excepcional. Lo raro era que lo había hecho con un poema de Szymborska. Me pregunto si la poeta tuvo tiempo de enterarse, antes de que la muerte la sorprendiera durmiendo en su casa de Cracovia, el miércoles pasado, a los 88 años, una edad que no está nada mal para una mujer que había fumado sin parar desde hacía muchos años, y que cada vez que le aconsejaban dejar de fumar, respondía que había ido a demasiados entierros de no fumadores como para tomarse en serio la amenaza del tabaco."

Le tocó vivir uno de los periodos más negros de la historia del mundo –Hitler invadió Polonia cuando ella tenía 16 años–, pero ella nunca perdió el sentido del humor. Todas las fotos que encontramos de ella, muestran a una anciana sonriente, fumadora empedernida y transmiten una sensación de paz y sosiego, de alegría de vivir y fuerza interior.

"Alma se tiene a veces. / Nadie la posee sin pausa / y para siempre. / Día tras día, / año tras año / pueden transcurrir sin ella. / A veces solo en el arrobo / y los miedos de la infancia / anida por más tiempo. / A veces nada más en el asombro / de haber envejecido”.

Siempre discreta, huía de protagonismos y grandes eventos sociales, tímida y poco ambiciosa, vivió su vida con coherencia, elegancia y sencillez.
Sus libros, con excelentes traducciones de Abel Murcia y Gerardo Beltrán, formarán parte de ese puñado de tesoros que ocupan un lugar preferente en nuestras bibliotecas.

Al final, el tabaco le pasó factura, una factura barata- murió sin sufrimiento, con 88 años, mientras dormía en su casa- tranquila y sin alboroto, con esa discreción a la que nos acostumbró desde que la descubrimos, desde que empezamos a leerla, quererla y admirarla.

Me ha costado mucho seleccionar un poema suyo de entre todos los que me gustan. Al final he escogido este, con mi...
Agradecimiento


Debo mucho
a quienes no amo.

El alivio con que acepto
que son más queridos por otro.

La alegría de no ser yo
el lobo de sus ovejas.

Estoy en paz con ellos
y en libertad con ellos,
yeso el amor ni puede darlo
ni sabe tomarlo.

No los espero
en un ir y venir de la ventana a la puerta.
Paciente
casi como un reloj de sol
entiendo
lo que el amor no entiende;
perdono
lo que el amor jamás perdonaría.

Desde el encuentro hasta la carta
no pasa una eternidad,
sino simplemente unos días o semanas.

Los viajes con ellos siempre son un éxito,
los conciertos son escuchados,
las catedrales visitadas,
los paisajes nítidos.

Y cuando nos separan
lejanos países
son países
bien conocidos en los mapas.

Es gracias a ellos
que yo vivo en tres dimensiones,
en un espacio no-lírico y no-retórico,
con un horizonte real por lo móvil.

Ni siquiera imaginan
cuánto hay en sus manos vacías.

"No les debo nada",
diría el amor
sobre este tema abierto.

De "El gran número" 1976      
Versión de Abel A. Murcia

Y mi tristeza...




02 febrero, 2012

Los imprescindibles

Me gustan los artistas comprometidos con la vida. Los que no se callan ante las injusticias, los que defienden lo más humano de los seres humanos. Me gustan los poetas que no se pierden en palabras vacías y dicen verdades como puños, sean de amor o de lucha. Me gusta la gente que se levanta contra el verdugo, los que no se venden por un plato de lentejas, los que gritan con la fuerza de la razón delante de la sinrazón sin fuerza.
Me gustan los que luchan por la coherencia de un mundo más justo, los que no se achican frente a un poder que no vale nada, los que conocen el verdadero valor de lo pequeño, los que suman y no restan, los que apoyan a los maltratados, a los débiles, los que sacan a la luz -a fuerza de esfuerzo y tiempo- a los injustamente olvidados. 
Me gustan las personas que se dejan la piel por hacer y exigir un mundo mejor, los que arañan la tierra con sus uñas para desenterrar lo que otros prefieren enterrado.
Esa gente, de verdad, imprescindible.






28 enero, 2012

Tarde de sofá

Leyendo: 
El final del amor
de Marcos Giralt Torrent
Ed. Páginas de Espuma
II Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero

Cuatro relatos en torno al amor y sus posibilidades. Cuatro historias de amor no convencional, alejadas de los tópicos que rodean habitualmente a las relaciones de pareja.


                                             Escuchando: Tribute to Jacques Brel




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27 enero, 2012

M. y C.


Algunas veces la vida nos da un zarpazo y nos deja heridos de muerte, a medio camino entre ser y no ser, entre estar y no estar.
Y el futuro deja de ser un camino por delante, para transformarse en un precipicio oscuro del que no sabemos nada, en el que parece no haber nada.
Pero, algunas veces, en ese preciso instante en el que el abismo está bajo tus pies, sale el sol sobre un azul intenso y la mirada se vuelve hacia ese azul, y el negro desaparece, mientras los pies se convierten en alas que levantan nuestros pesados cuerpos y nos elevan hacia el horizonte.
Y ya no importa el mañana, porque el hoy se convierte en tu futuro mientras el pasado te regala sus mejores recuerdos.
Y es ahí, en ese lugar sin tiempo, en el que dos almas se reencuentran de nuevo para ser una sola.
Y es ahí, en ese día a día, compartiendo pequeños momentos, paisajes comunes, miradas cómplices y manos que se llenan de ternura donde, dos seres que se aman, logran vencer el vacío y el miedo, la angustia, el dolor, la pesadumbre y las dudas.

Os imagino así a los dos. 
Viviendo este tiempo que se presentó de sopetón, sin previo aviso, mientras llenáis de sentido cada hora, cada minuto, cada segundo. Bebiendo a sorbos la vida con el sosiego del que no espera nada, porque todo lo que necesita lo tiene en el otro, y es tanto, y es tan grande...
Por eso, no queremos llamar a vuestra puerta en estos momentos todas las veces que desearíamos. Para respetar esa isla mágica que habéis creado entre los dos y en la que nada más tiene cabida.
Por eso estamos sin estar, atentas por si hubiera mensajes de auxilio, o señales de humo, y sin embargo con la certeza de que sois dos robinsones con vuestro propio Viernes.
Mientras aprendemos, desde lejos y junto a vosotros, que la vida, con zarpazos y sin ellos, sigue mereciendo la pena. 
Gracias queridos amigos

Va por vosotros

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I Remember You


KATARZYNA DEMBROWSKA


"No basta tener recuerdos, hay que dejar que se vayan, que se olviden cuando son muchos ya, y tener la gran paciencia de esperar a que vuelvan porque sólo así, cuando se han convertido en sangre, en mirada y en gesto, acaso surja de ellos la primera palabra de un verso".


EN: Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, la única novela de Rainer Maria Rilke, escrita por el autor durante su estancia en París y publicada en 1910. En ella Rilke evoca la figura del escritor noruego Sigbjörn Obstfelder, prematuramente fallecido. Por las agudezas introspectivas y por la visión del mundo circundante, este libro está considerado como una biografía simbólica.


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25 enero, 2012

Paraísos cercanos

Piodao (Arganil-Coimbra-Portugal)


La Aldea de Piodão está considerada una de las más bonitas del país, clasificada como “Aldea Histórica de Portugal“. 

Situada en el centro del país, perteneciente al ayuntamiento de Arganil, en la colina de la bonita sierra de Açor, sus típicas casas de pizarra y loza, con ventanas en madera pintadas de azul, descienden graciosamente la colina de la sierra, formando un anfiteatro en esta pendiente de la sierra, siendo denominada por muchos “aldea portal de belén”. 

En contraste con los colores oscuros, la iglesia parroquial surge pintada de un blanco inmaculado. Está rodeada por una inmensa mancha verde que sirve de marco a la zona de viviendas. 

Piodão es una aldea serrana, de aspecto rural y accesos difíciles, un excelente ejemplo de cómo el ser humano se adaptó a lo largo de los siglos a los más inhóspitos lugares. 

El acceso era, hasta hace muy poco tiempo, una verdadera aventura, porque era necesario atravesar la serranía de Açor por caminos de tierra. Ese aislamiento ha permitido perpetuar trazos culturales que se remontan a la Edad Media y el mantenimiento de un esquema social fuertemente comunitario, pero que está siendo amenazado, en los últimos tiempos, por el éxodo de sus gentes.

La naturaleza que la rodea está casi en estado puro, observándose por la región diversas especies de fauna y flora típicas del lugar. 









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20 enero, 2012

Epitafio

Esta semana nos han dejado, definitivamente, dos hombres relevantes de las letras españolas: el crítico literario y escritor, Miguel García-Posada y el también escritor Carlos Pujol.

De García-Posada y de Rafael Conte -también fallecido no hace mucho-, me gustaba leer todas las críticas que publicaban en el Suplemento de los sábados, Babelia, del diario El País. 
Siempre tuve la sensación de que ambos eran dos críticos inteligentes, cultos, claros en sus exposiciones y que no se"casaban" con nadie. Me gustaban sus críticas finas y certeras, a veces concisas y sin embargo tan condensadas y explícitas. Solía apuntar en una pequeña libreta negra que tengo siempre a mano, sus recomendaciones y, en cuanto podía, me acercaba a la librería a ojear sus sugerencias y a adquirir muchas de ellas.
Ahora tengo una cierta sensación de orfandad literaria, un cierto vértigo de haberme quedado sola para descubrir, entre tanta producción editorial, cosas que realmente merezcan la pena.


Carlos Pujol fue, durante 40 años la mano derecha de José Manuel Lara en Planeta. Un hombre coherente, discreto, de amplio conocimiento de la literatura española y europea, profesor de literatura francesa en la Universidad de Barcelona, crítico literario, cargado de una inmensa cultura, exigente consigo mismo y con lo que se traía entre manos. Fue también novelista tardío (leí hace poco su última novela: Los Fugitivos) y poeta poco reconocido con poemas qué, leídos con calma, dicen mucho más de lo que aparentan.



Su amigo, el escritor Pere Gimferrer, dice de él: "Tenía una gran finura moral e intelectual; no sobreactuaba nunca, y en la amistad fue infalible".

Sirvan estas palabras como epitafio para estos dos hombres, que compartieron una parte de nuestro camino y nos regalaron, generosamente, parte de lo que fueron.


Después de muchos años 
de tanta agitación,
querer y no querer,
la soledad de las palabras deja
como un frío de invierno.
Con esta compañía
mido mis lentos pasos por las calles
que siempre van a dar a la muralla.


Carlos Pujol


10 enero, 2012

Un poema de Aníbal Núñez con música de Debussy



Ir al campo bebernos todo el campo
subirnos a las ramas 
¡qué maravilla andarse por las ramas! 
confundirnos las bocas con cerezas 
oler a jara el cuerpo 
merendar la cascada y chocolate 
trenzarte una corona de juncos del arroyo 
contar las veces que la piedra roza 
con el agua aprender 
botánica sin flexo 
zoología sin matrícula 


Pero el señor rector y sus bedeles 
nos tienen encerrados a la sombra 
del Árbol de la Ciencia y lo siguen regando 
con tinta de tampón 


    ¡Maldito frutal éste 
que no da más que peros! 


EN: Naturaleza no recuperable


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08 enero, 2012

Qué bonito!

El poema de Javier Limón y las maravillosas voces de Concha Buika y Mariza...
Pequeñas verdades

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04 enero, 2012

Enero

Vuelve Enero.
Con sus amaneceres blancos, y las tardes que comienzan, tímidamente, a alargarse.

Vuelve Enero.
Con la promesa de la primavera más cercana, con las páginas en blanco, con los calendarios recién estrenados y los deseos por cumplir.
Con nuevos propósitos, casi siempre inútiles, con el largo horizonte de un año nuevo, con los guantes y las bufandas, con el sol tibio y el cielo azul plomo.

Atrás quedaron las fiestas, el bullicio, las calles engalanadas y los villancicos.
Atrás el regreso al sur de cada año, los paseos por mis recuerdos de infancia, la Sierra de San Serván y los cohetes que tanto asustan a Jara.




También atrás el desayuno y los tapetes de Arraiolos, las calles de Lisboa, la Plaza del Rossio y La Suissa, el tranvía da Bica y la noche sobre el Tajo.







Sobre mi mesa, de nuevo, libros por leer: "Siete años" de Peter Stamm, "De acero" de Silvia Avallone, "Pulso" de Julian Barnes...





Nuevos discos por escuchar: "After Hours" de Sara Vaughan, "21" de Adele, "So Beautiful or so What" de Paul Simon





Y con un único deseo, además de la salud para todos los que quiero: que seamos capaces de seguir descubriendo nuevas cosas, que sigamos siendo incansables, curiosos, inquietos, y podamos seguir manteniendo -a pesar del tiempo y las decepciones- la capacidad de sorpresa y la generosidad con los demás.
Feliz enero.




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