17 noviembre, 2010

Hoy conservo

Mira en mí los ponientes fatigados y las canciones que he desaprendido.
Conservo los colores del ayer, de los recuerdos y conversaciones dispersos en las noches.

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10 marzo, 2010

Like a stone

Hoy recuerdo la imagen de las enormes piedras del paisaje abulense. El tiempo y el clima han ido confiriéndoles formas caprichosas a causa del lento desgaste.
Y pienso que forma adquiriremos nosotros con el tiempo.
Qué goteo incesante, que golpes de viento, que hielos, que soles, que lunas, darán forma a lo que somos alejándonos de lo que fuimos...

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02 marzo, 2010

Everybody's talking at me
I don't hear a word they're saying
Only the echoes of my mind

People stopping staring
I can't see their faces
Only the shadows of their eyes

I'm going where the sun keeps shining
Thru' the pouring rain
Going where the weather suits my clothes
Backing off of the North East wind
Sailing on summer breeze
And skipping over the ocean like a stone

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02 julio, 2009

Lo más grande

“¿Qué es más grande –el mar o la palabra con que lo nombramos?”.
Emilio Adolfo Westphalen

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17 mayo, 2009

Mañana (nublada) de domingo



El pequeño demiurgo (Al Berto)

escribo barco y una quilla hiende el vastísimo mar
y los árboles crecen de los espacios de niebla
entre mirada y mirada se mueven
animales presos a la tierra con sus plumajes de hierro
y de rocío de oro cuando la luna se eclipsa
comunicándoles el celo y la nómada alegría de vivir

pienso otoño o invierno
y el fuego resinoso de los pinares se escurre sobre el rostro
sobre el cuerpo en tímidos gestos
éste es el tiempo
del capricornio reducido al escondrijo tatuado
en el ala mineral del ave en pleno vuelo y digo nubes
relámpago hierba aguas
hombre
escalofrío océanos sal exhaustos cuerpos
trashumantes pasiones digo
y surge irrumpe se escurre se yergue se mueve vive
muere
mas que nadie piense que es sencillo nombrar
colocar y desordenar el mundo

para que no se apague esta trémula escritura
necesito el sueño y la pesadilla
la proximidad vertiginosa de los espejos y
pernoctar en el fondo de mí con las manos sucias
por el arduo trabajo de construir los gestos exactos
de la alegría que por descuido dios abandonó al cansancio
al fin del séptimo día.

(Alguns poemas da rua do Forte, 1983)

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25 marzo, 2009

Miércoles tarde



Las calles de invierno se han cubierto de sol.
Los árboles se han llenado de flores y el cielo, tantos meses gris, tiene un azul intenso.
Se suceden las estaciones. Como todo.
Vendrá el verano, el otoño, y volverá el triste invierno frío y gris.
Pero ahora hemos olvidado su crudeza y sólo tenemos ojos para el nuevo tiempo de días largos y cálidas horas.

Los pájaros van y vienen.
Se posan en mi terraza, permanecen unos instantes y emprenden de nuevo el vuelo.
Nunca llego a tener ninguna relación con ellos. Ni siquiera puedo distinguir si son los mismos pájaros cada día. Pasan por mi vida de una forma fugaz. Comparten conmigo unos segundos de mi vida. Unos segundos.

En mis largos paseos con Jara, me cruzo con cientos de personas.
A la mayoría no las volveré a ver más.
Han coincidido conmigo en un punto de la ciudad, a la misma hora que yo, del mismo día.
Según la ley de probabilidades será extraño volver a coincidir con casi todas. Más de 200.000 habitantes en una ciudad, cada uno con sus horarios, sus costumbres, sus formas de ocio...
A veces, cuando me cruzo con ellas pienso que es la primera vez y seguramente la última que las vea en mi vida.
Comparten conmigo unos segundos de su tiempo, una misma acera, una época, una forma de vida, un momento histórico, quizás los mismos pájaros en la ventana, y las estaciones que se suceden.

Siempre me ha inquietado la fugacidad de las cosas, de muchas relaciones, de muchos paisajes.
Lo efímero de algunas amistades, de algunos amores.
Gente que entra en tu vida en unos instantes, con la que compartes un tiempo, unas risas, unas charlas, unas confidencias y de la que te despides con un "tenemos que quedar, volvernos a ver" y de las que no vuelves a saber nunca más.

Amigas/os de infancia distanciados por el destino, personas que se trasladaron de país y que el tiempo y la rutina de la ausencia ha trasladado también de tu corazón.

Hoy pienso en todo esto. En esta tarde de sol y de pájaros sobre la ventana.
Pienso con nostalgia y con tristeza, en toda la gente que quise alguna vez y ya no están.
En aquellos que entraron como un torrente en mis días y desaparecieron, sin saber por qué, de la misma manera.
En los que compartieron conmigo parte de su camino y de su corazón, y no he vuelto a ver nunca.

Hoy me resulta especialmente doloroso pensar en la fugacidad del tiempo, de las cosas.
En su inexplicable e inevitable fugacidad.

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