25 marzo, 2009

Miércoles tarde



Las calles de invierno se han cubierto de sol.
Los árboles se han llenado de flores y el cielo, tantos meses gris, tiene un azul intenso.
Se suceden las estaciones. Como todo.
Vendrá el verano, el otoño, y volverá el triste invierno frío y gris.
Pero ahora hemos olvidado su crudeza y sólo tenemos ojos para el nuevo tiempo de días largos y cálidas horas.

Los pájaros van y vienen.
Se posan en mi terraza, permanecen unos instantes y emprenden de nuevo el vuelo.
Nunca llego a tener ninguna relación con ellos. Ni siquiera puedo distinguir si son los mismos pájaros cada día. Pasan por mi vida de una forma fugaz. Comparten conmigo unos segundos de mi vida. Unos segundos.

En mis largos paseos con Jara, me cruzo con cientos de personas.
A la mayoría no las volveré a ver más.
Han coincidido conmigo en un punto de la ciudad, a la misma hora que yo, del mismo día.
Según la ley de probabilidades será extraño volver a coincidir con casi todas. Más de 200.000 habitantes en una ciudad, cada uno con sus horarios, sus costumbres, sus formas de ocio...
A veces, cuando me cruzo con ellas pienso que es la primera vez y seguramente la última que las vea en mi vida.
Comparten conmigo unos segundos de su tiempo, una misma acera, una época, una forma de vida, un momento histórico, quizás los mismos pájaros en la ventana, y las estaciones que se suceden.

Siempre me ha inquietado la fugacidad de las cosas, de muchas relaciones, de muchos paisajes.
Lo efímero de algunas amistades, de algunos amores.
Gente que entra en tu vida en unos instantes, con la que compartes un tiempo, unas risas, unas charlas, unas confidencias y de la que te despides con un "tenemos que quedar, volvernos a ver" y de las que no vuelves a saber nunca más.

Amigas/os de infancia distanciados por el destino, personas que se trasladaron de país y que el tiempo y la rutina de la ausencia ha trasladado también de tu corazón.

Hoy pienso en todo esto. En esta tarde de sol y de pájaros sobre la ventana.
Pienso con nostalgia y con tristeza, en toda la gente que quise alguna vez y ya no están.
En aquellos que entraron como un torrente en mis días y desaparecieron, sin saber por qué, de la misma manera.
En los que compartieron conmigo parte de su camino y de su corazón, y no he vuelto a ver nunca.

Hoy me resulta especialmente doloroso pensar en la fugacidad del tiempo, de las cosas.
En su inexplicable e inevitable fugacidad.

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2 Comments:

At 11:10 p. m., Anonymous Anónimo said...

TODAS LAS PERSONAS QUE ALGUNA VEZ FORMARON PARTE DE NUESTRAS VIDAS CONTINUARAN EN NUESTRO RECUERDO... Y ¿quien sabe...? abrazos en estos momentos de nostalgia. M.L.

 
At 9:40 p. m., Anonymous Anónimo said...

Sencillamente precioso, pero a mi,
se me ha encogido el corazón...Y
¿quien sabe...?(como dice M.L.)
Un abrazo.
Chiqui.

 

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