07 agosto, 2013

Ayer

Fotografía: Suzy Parker
Yo, una vez, también, tuve un padre.

Y podía llamarle
¡padre!
y preguntarle
¿padre?
Podía escucharle historias
padre...

Los ojos de mi padre
tenían el brillo del aliento
y la esperanza de los sueños,
de los que se cumplieron
y de los que sólo pudo imaginar.

Ya no recuerdo el timbre de su voz
ni su textura,
ni siquiera las palabras
que solía usar, cada día y como todos.
Recuerdo, sin embargo, su sonrisa
su forma de coger la taza de café
sus andares, tan lentos, al final de la vida.

Pero, sobre todas las cosas
recuerdo su mirada,
los pequeños duendes que bailaban
en sus pupilas, las brasas
encendidas y las lágrimas
que cubrían de niebla
la nostalgia de su alma.

Hoy tengo yo algo de esa mirada:
duendes, brasas y lágrimas,
y también me alejo de la casa,
como hacía él, de vez en cuando,
hacia sombras oscuras.

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15 diciembre, 2011

Silencio



Yo que crecí dentro de un árbol
tendría mucho que decir,
pero aprendí tanto silencio
que tengo mucho que callar
y eso se conoce creciendo
sin otro goce que crecer,
sin más pasión que la substancia,
sin más acción que la inocencia,
y por dentro el tiempo dorado
hasta que la altura lo llama
para convertirlo en naranja.


Pablo Neruda









Así como del fondo de la música 
brota una nota 
que mientras vibra crece y se adelgaza 
hasta que en otra música enmudece, 
brota del fondo del silencio 
otro silencio, aguda torre, espada, 
y sube y crece y nos suspende 
y mientras sube caen 
recuerdos, esperanzas, 
las pequeñas mentiras y las grandes, 
y queremos gritar y en la garganta 
se desvanece el grito: 
desembocamos al silencio 
en donde los silencios enmudecen.


Octavio Paz






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23 mayo, 2010

Amanecer de domingo


Contempla cómo huyen las palabras.
Descansa sobre el polvo que deja
la memoria. Que todo tu dolor

te pertenezca

Ada Salas

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18 mayo, 2010

El arte de dibujarte

En algún lecho del golfo de Corimbo, una mujer contempla, a la luz del fuego, el perfil de su amante dormido.
En la pared, se refleja la sombra.
El amante, que yace a su lado, se irá. Al amanecer se irá a la guerra, se irá a la muerte.
Y también la sombra, su compañera de viaje, se irá con él y con él morirá.
Esa noche todavía. La mujer recoge un tizón entre las brasas y dibuja, en la pared, el contorno de la sombra.
Esos trazos no se irán.
No la abrazarán, y ella lo sabe. Pero no se irán.

EN: Espejos: una historia universal
de Eduardo Galeano
Editorial S.XXI

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