31 marzo, 2014

Poema para el último día de Marzo

Fotografía: Sally Mann

FOTOGRAFIA DIGITAL
Zhivka Baltadhieva


Sentada en un banco en la sombra,


en la plaza empedrada de la iglesia de San Demetrio,

en Sliven, mi сiudad, mi paisaje genético,

siento el sol y el aguacero

de lo que ya ha pasado, de lo que pasará.

Aunque nunca pudo ser pronunciado mi amor,

y tampoco mi amargura,

las nubes, los árboles, las blancas paredes de las casas

de antaño,

los nuevos edificios de cristal y plásticos inteligentes,

las pequeñas flores que burlan el pavimento,

los sobresaltados pájaros del horizonte,

los transeúntes y los ausentes

silabean su fervor sin darse cuenta.

Solo que la piel de la vida y de la muerte se eriza.

Y entonces, el aire sopla levemente


y apacigua el paisaje.

Etiquetas: , , , ,

07 octubre, 2011

Autorretrato



Del lápiz a la máquina de escribir, y de ahí
al ordenador, se me va la mitad del día.
Algún día todo eso sumará medio siglo.
Vivo en ciudades ajenas y a menudo converso
con gente ajena sobre asuntos que me son ajenos.
Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich.
En ella encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor: tres elementos.
El cuarto carece de nombre.
Leo a poetas vivos y muertos, aprendo en ellos
tenacidad, fe y orgullo. Me esfuerzo en comprender
a los grandes filósofos –aunque casi nunca obtenga
más que jirones de sus valiosos pensamientos.
Me gusta dar largos paseos por las calles de París
y observar a los otros, movidos por la envidia,
la ira o el deseo; contemplar la moneda de plata
que va de mano en mano y poco a poco va perdiendo
su forma redonda, mientras se borra el perfil del emperador.
Junto a mí crecen árboles que no significan nada,
más allá de su verde perfección indiferente.
Aves negras sobrevuelan los campos
a la espera de algo, pacientes como viudas españolas.
Ya no soy joven, pero aún hay mucha gente mayor que yo.
Me gusta el sueño profundo, cuando dejo de estar,
andar en bicicleta por caminos rurales, cuando álamos y casas
se diluyen como nubes con el buen tiempo.
A veces un cuadro en un museo me dice algo
y la ironía se esfuma de pronto.
Adoro contemplar el rostro de mi mujer.
Todos los domingos llamo a mi padre.
Cada quince días me reúno con mis amigos:
es nuestra forma de sernos fieles.
Mi país se liberó de un mal. Quisiera
que le quedase aún derecho a otra liberación.
¿Puedo hacer yo algo por ello? No lo sé.
No soy hijo de la mar,
como de sí mismo dijo Antonio Machado,
sino del aire, la menta y el violonchelo,
y no todos los caminos del alto mundo
se cruzan con los senderos de la vida
que me pertenece todavía.

                  Adam Zagajewski
                  Fotografía: Geoffroy Mathieu

Etiquetas: , , , ,