¿Por qué, hasta cuándo, en qué momento
se reunirán todas esas miradas en haz trepidante,
para hacerse breve rayo definitivo?
Carmen Conde
13 febrero, 2013
Aniversario
Hoy, L. hubiera cumplido 53 años.
"Llegó un día a mi vida como si bajara de las nubes, con el sol y la lluvia como único equipaje. Y consiguió que la estación de la amistad verdadera, fuera la más bella de todas las estaciones. Tenía la dulzura de los más bellos paisajes y la fidelidad de las aves de paso, en su corazón una increíble ternura, incluso cuando en sus ojos se deslizaba una sombra de tristeza..."
¿Descubriste quién enciende el sol? ¿Quién apaga la luna?
¿Quién hace brotar en mayo la cuarta hoja del trébol?
A veces, todavía sueño contigo.
Al principio, cuando comencé a soñar, no podía ver tu cara, tan sólo tu gorra de marinero, como la de Alberti y tu sonrisa, suspendida en el aire, como la del gato de Cheshire en el País de las Maravillas.
Apenas han sucedido grandes cosas desde que te fuiste, o al menos ninguna me parece tan importante como para contártelas a ti, que siempre colocabas a las pequeñas cosas en lugares preferentes.
Dentro de nosotras, de nosotros, se han ido sucediendo las estaciones de tu ausencia.
El otoño de despedidas, el invierno de frío en el corazón, la primavera, en la que renacieron las semillas que sembraste antes de irte, y el verano, amarillo y cálido de grandes horizontes.
Ha vuelto el otoño, ya sabes de despedidas, y todo vuelve, más liviano -eso sí- como las hojas que sobrevuelan nuestras cabezas.
El tiempo parece cumplir lo que de él se espera y nos regala cierta calma para el desasosiego y un recuerdo dulce para la tristeza.
Olvidaste llevar contigo algunas cosas del corazón que nos habías prestado. Supongo que lo hiciste a propósito.