28 enero, 2019

Seis

Fotografía: Bernard Plossu

DICHA
(Daiana Henderson)

Sigo encontrando cierta dicha
en ir en bicicleta hasta tu casa.
Remar no se trata de llegar a la isla,
es disfrutar el trayecto
–dijo Ricardo cuando nos enseñó.
Cada desplazamiento tiene su clave sensitiva.
Bajo los cambios para subir.
Después,
apoyo el peso del cuerpo en los pedales
y me dejo caer en picada.
Se entretejen nudos en los pelos
cuando se ponen a flamear hacia atrás.
Las construcciones van perdiendo altura,
una estela de humo atraviesa el cielo,
dibujada con la punta de una fábrica.
Aterrizo en la entrada de tu casa. Las cosas
andan bastante mal ahí adentro
o en cualquier otro reducto
que tengamos que compartir.
Puedo aceptar que ya no nos queremos como antes,
pero si insisto, es porque la distancia
fabricada entre nosotros
es tan hermosa y delicada
como ningún otro trayecto
que conozca hasta ahora.
(Del libro “Un foquito en medio del campo”, Editorial Municipal de Rosario, 2013)

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09 noviembre, 2010

C.

Y es ahora, en este preciso momento en el que tu historia del mago llega hasta mí, cuando recuerdo la mesa de madera en el rincón del Lavadero, tus ojos brillantes confirmando la fuerza de tus palabras, tu sonrisa ancha, como la de aquella Amanda de Víctor Jara, y la expresividad de tus manos que se mueven al ritmo de tu voz, como cuando narras historias que encandilan.

Es ahora cuando llega a mi, el agridulce sabor de las manzanas, el bullicio de aquella trastienda en la que alguien celebraba su cumpleaños, la sorpresa de las luces apagadas y las velas en las manos de una fila de camareros que cantaban el "cumpleaños feliz".

Y recuerdo el sabor del chocolate y la complicidad en la travesura, tú vigilando y yo nerviosa, de esconder las migajas del pastel.

Puedo verte, ahora, brillando con esa luz que siempre llevas dentro, con la cabeza inclinada sobre el libro de Alicia, escribiendo con mi pluma, una dedicatoria que yo espiaba anhelante, mientras el silencio -nunca molesto entre tú y yo- permitía un respiro necesario.

Nunca estás lejos cuando me encuentro contigo.
Nada sobra y nada falta cuando te veo, a veces demasiado tarde para mi gusto, en los lugares más insospechados.
Siempre tenemos cosas que contarnos. siempre silencios que compartir, siempre complicidades implícitas en nuestras historias, que fluyen sin esfuerzo.

Te he visto llorar, reír, te he visto sufrir y he compartido contigo muchos momentos felices.
Te he visto madurar, volver a la infancia, envejecer, crecer y disminuir de tamaño. Igual que la Alicia de Carroll, con sus galletas.
Y siempre que estoy contigo tengo esa magnífica sensación de sentir que sacas lo mejor de mi sin que yo te lo pida.

Sí, fue una bonita noche. Acabas de traérmela a la cabeza, de golpe, como el de una varita mágica en la chistera de un mago.

¿Recuerdas esta canción?

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