De frustraciones cotidianas
La selección femenina de baloncesto ha conseguido una histórica medalla de bronce en el Mundial de la República Checa.
La noticia ha transcendido en forma de pequeños titulares en prensa escrita y menos de medio minuto en televisión y radio.
No ha habido banderas en ventanas y balcones, ni celebraciones multitudinarias (ni siquiera minoritarias).
Han jugado mucho mejor que sus colegas masculinos (fueron sexta posición en el Mundial).
Se han dejado la piel en la cancha y han demostrado que son grandes jugadoras en toda la extensión de la palabra.
Pero, desgraciadamente, el deporte femenino tiene pocos seguidores -gracias, entre otras cosas a la falta de repercusión mediática-
Nadie, excepto unos pocos apuestan por ellas, a nadie les importa sus logros.
Todo esto me viene a la cabeza a raíz del comentario de mi sobrina -gran jugadora de fútbol- quién un día, hablando sobre su futuro en ese deporte, me dijo con tristeza: "Estoy poco esperanzada y motivada con mi futuro futbolístico. No existe futuro, no olvides que soy mujer. Por muy bien que juguemos tendremos que conformarnos con ser equipos de tercera, sin reconocimiento ni apoyo."
También para una chica de 17 años no deja de ser una frustración que, el hecho de ser mujer, limite sus posibilidades y sus expectativas.
Por mucho que nos parezca que la situación de la mujer ha cambiado, seguimos viendo, cada día y en cualquier ámbito, la discriminación femenina.
A veces me hubiera gustado poder elegir...

