15 mayo, 2009

Heridas

Hoy,mi ciudad, ha amanecido herida.

Igual que en otras ocasiones ha pagado su tributo de los excesos de la noche del jueves, en la que cientos de jóvenes salen a divertirse y, unos cuantos, salen a destruir.
Pero hoy, estas heridas, me han dolido más que otras veces.
No por los rastros de sangre y la puerta rota en mi portal, ni por los restos de botellas y vasos rotos en las aceras. Tampoco por las vomitonas y los restos de orín que sorteábamos los más madrugadores, ni por las papeleras reventadas en el suelo. Quizás sí por esos dos árboles jóvenes, que yacían tronchados mostrando sus verdes hojas recién nacidas o por las rosas arrancadas de cuajo de la plaza junto a la que vivo.
Pero, sobre todo, el dolor de estas heridas proviene de ser consciente de nuestro gran fracaso como adultos, como seres humanos, como personas.
Que herir la noche de una ciudad sea, hoy por hoy, una diversión, nos convierte a todos en monstruos esperpénticos, confirma nuestra inutilidad, nuestra perversión, nuestra falta de sensibilidad y nuestra incultura.

Estos días, celebramos en Salamanca la 29 Feria del Libro.
Durante 29 años, se han repetido actividades con colegios, encuentros con autores, espectáculos teatrales y conciertos en la Plaza mayor de la ciudad. Por allí han pasado miles de niños acompañados por madres, padres y maestras/os, para escuchar los más bellos cuentos cada mañana. Historias que hablan, de una forma más o menos explícitas, de paz, de convivencia, de tolerancia...

No es que no crea en el poder de la cultura, en esta posibilidad de conocer mejor lo que nos rodea, para aprender a respetarlo y valorarlo.
Pero hoy, mientras veía a los niños/as escuchando los cuentos en la pequeña biblioteca infantil instalada en la plaza, me acordaba de la ciudad herida, y me preguntaba -dolorida- cuál será el secreto, la actitud que debemos mostrar, los valores que debemos enseñar, nuestros fallos educativos, los intereses que debemos transmitir a nuestros niños para que, cuando sean jóvenes salgan a divertirse sin heridas.

Etiquetas:

1 Comments:

At 11:25 p. m., Blogger Club de lectura de la Biblioteca Torrente Ballester said...

Afortunadamente son unos cuantos pues hay jóvenes maravillosos.
A menudo pienso en un diccionario de carne y hueso, creado por adultos en el que, esas palabras que decimos alegremente, convivencia, comprensión, amistad, etc, tengan una definición más humana. Una definición con ejercicios prácticos para relazarlos conjuntamente, nosotros con nuestros jóvenes.
Dedir, por ejemplo, con la práctica, que amar a nuestros mayores es darles calor y muestras de cariño.
Es dificil, pero no hay que tirar la toalla.
Hasta pronto / Rosi.

 

Publicar un comentario

<< Home