21 abril, 2009

Un cierto instante

En la película "Antes del atardecer" de Richard Linklater, y protagonizada por Julie Delpy y Ethan Hawkehay una escena magnífica, una escena que resume la historia -inmensa- de amor entre los dos protagonistas.
La escena dura un tiempo curiosamente largo para una película, acostumbrados como estamos a que todo se resuelva en pocos segundos.
La escena de la que hablo, se desarrolla en un taxi. Durante toda la película los protagonistas han hablado sin parar de mil cosas, y así es también en esta escena, pero lo más importante está en lo que no se dice: los gestos, las miradas, los silencios y las miradas que expresan, con toda claridad, lo que los 2 están sintiendo en esos momentos.



De las numerosas adaptaciones cinematográficas que hay de la novela "Jane Eyre" de Charlotte Brönte, la que más me gusta es la que realizó en 1970, Delbert Man, con George C. Scott como Rochester y Susannah York como Jane.
En el film los silencios se suceden, entre los dos protagonistas, intensamente cargados de pasión. Vuelven a ser las miradas, los gestos contenidos y lo que no se expresa con palabras, lo más importante en esta historia.

En la película "Rebeca" dirigida por Alfred Hitchcock, con un magnífico Laurence Olivier, en el papel de Max y una atribulada Joan Fontaine en el de la protagonista de la que jamás se conoce el nombre, la relación entre ambos es uno de los grandes desencuentros amorosos de la historia del cine. Ella, convencida del amor que Max profesaba a Rebeca, su primera mujer se siente, durante todo el tiempo que dura la película, como el patito feo al que nadie quiere, sin sospechar que tras el gesto adusto de su gran amor sólo existe una relación de odio con aquella mujer misteriosa y un intenso amor por ella.
Las miradas perdidas en el infinito de Max, y lo que el expectador descubre trás su rostro atormentado y sus largos y elocuentes silencios, es una infinita pasión por la dulce Joan Fontaine.



"Los puentes de Madison" dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Meryl Streep y Clint Eastwood, es otro ejemplo de una gran historia de amor en la que silencios y gestos cobran protagonismo frente a las palabras.
En una de las últimas escenas, la protagonista se debate entre lo que siente por su gran amor y el lo que le une a su familia.
Sin necesidad de palabras, esta escena, se llena de una intensidad tal que todos podemos reconocer esas luchas interiores que a veces mantenemos con la vida.



El cine está lleno de esos momentos... en los que nada es lo que dice ser, en lo que todo está en lo que no se dice.
También en la vida...
Y una quisiera atrapar esos momentos mágicos, embotellarlos en frasquitos, etiquetarlos con el nombre, con la fecha y con la hora, para destaparlos más tarde en cualquier tiempo sin tiempo, en cualquier lugar, en cualquier paisaje...

Para volver a ser quien fue, un cierto instante.

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1 Comments:

At 2:19 p. m., Anonymous Anónimo said...

Laura y yo metemos en "cajitas" (imaginarias) desde... estornudos, que nos hacen gracia, hasta abrazos, besos, momentos, paisajes, caricias,sonrisas, lágrimas.....es un "pasatiempo" curioso y enternecedor.
Rosa

 

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