17 julio, 2011

Primeras impresiones

No termino de aprender.
Las primeras impresiones nunca suelen ser acertadas. Quizás porque están demasiado condicionadas por estereotipos, o por la situación, por el paisaje, por el contexto. ¡Yo qué sé!
El caso es que anoche, volví a sufrir el síndrome de la "primera impresión", esta vez en el último concierto del ciclo Jazz en la calle que, como todos los años, se celebra bajo el cielo salmantino en las preciosas y, este año, fresquitas noches del verano.
El de anoche era un concierto esperado por muchos de los que hemos acudido a cada uno de los conciertos del ciclo en el "incomparable marco" de los Jardines de Santo Domingo, con las Catedrales salmantinas iluminando el cielo y requiriendo nuestra mirada mientras la música inundaba los jardines.
Era, sí, uno de los platos fuertes del ciclo. El pianista argentino Federico Lechner, acompañado del también argentino, Franco Luciani a la armónica, el zaragozano, Toño Miguel al contrabajo y el uruguayo, Andrés Litwin, a la batería.
Y yo llegué, aterrizando de mi viaje por las nubes, descolocada, desubicada y un poco perdida. Además, me senté en el lugar equivocado de los jardines. Un lugar de paso y trasiego de gente que se iba incorporando poco a poco al concierto y que no permitía la atención que, los cuatro componentes del magnífico cuarteto requerían. A punto estuve de marcharme y menos mal que el destino de la noche me concedió la suerte de cambiar de lugar y me permitió concentrarme en lo que sucedía en ese escenario, porque ¡qué magnífico concierto tuvimos la oportunidad de disfrutar!
Las manos del Federico Lechner recorrían el teclado del piano como si las teclas fueran de terciopelo, el sonido claro, brillante, limpio, intenso y la fuerza del alma del pianista bonaerense.
La boca del armonicista, Franco Luciani, sacaba sonidos casi imposibles de una armónica cromática, mientras nos ponía la carne de gallina con sus versiones de clásicos argentinos, y esta fue también una de las riquezas de este concierto, salirnos de los temas clásicos y de los viejos estándares del jazz norteamericanos, para descubrir que más allá de aquel país, también hay jazz y que hay grandes temas de la música popular de otros países que pueden ser versionados de una forma apasionante, llena de matices y con un valor incalculable.
El caso es que Luciani me trajo a la cabeza al español Antonio Serrano y su armónica en aquel concierto con el, también argentino, Daniel Godfrid en el auditorio de Fonseca, hace unos años, del que todavía no me he repuesto.
El batería uruguayo Andrés Litwin, nos demostró que la batería puede ser un instrumento delicado y lleno de formas sutiles y con capacidades delicadamente armónicas.
Mientras el bajista Toño Miguel nos contaba su propia historia a través de su bajo eléctrico en la que puede presumir de haber tocado con los más grandes del jazz contemporáneo (Paquito D’Rivera, Jerry González, Pedro Iturralde, Ximo Tébar, Perico Sambeat, Horacio Icasto y Bob Sands, entre otros)

Había una comunión intensa en el escenario. Los cuatro músicos concentrados en lo suyo y en comunicación directa, intensa e íntima con los otros tres, y eso es algo que enseguida se percibe en el jazz. La sintonía del grupo, la complicidad, el guiño. Los cuatro estaban jugando al mismo juego, en el mismo sitio, a la misma hora y con objetivos idénticos.
Y lo consiguieron, claro. Lograron crear un climax, un instante mágico, una isla en medio de una ciudad, un momento irrepetible y una cola de más de 60 o 70 personas para adquirir uno de sus discos -en un momento en el que los discos se venden tan poco- deseosas de prolongar la magia, de alargar la belleza, de mantener la isla.
Hoy, mientras escribo esto, escucho aquello.
¡Qué pena si me hubiera dejado llevar por aquella primera impresión!
Os dejo con dos de los temas de anoche: "La Zamba de Lozano" y el bis que hicieron solos Lechner y Luciani después de una larguisima y calurosa ovación: "El día que me quieras"



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2 Comments:

At 2:24 p. m., Anonymous Anónimo said...

A vueltas con la improvisación

Posiblemente en los próximos años, si no ha ocurrido ya, la separación entre instrumentista intérprete e instrumentista improvisador se vaya desdibujando. Y el estilo Jazz tal y como lo conocemos, también, porque hasta ahora ha sido la escuela principal del improvisador. Hace años la gente que nos dedicábamos a la música antigua (de la edad media al romanticismo) veíamos cómo el carácter de la forma musical permitía la improvisación, y no sólo la permitía, la necesitaba. De hecho los gremios de instrumentistas europeos (nacidos en el siglo XIV) y vigentes hasta el siglo XVIII en muchas ciudades de centroeuropa no concedían el grado de oficial (aprendiz, oficial y maestro) a quien no supiera improvisar. La improvisación se pierde en Europa con la llegada del Romanticismo y las sociedades de conciertos (nacidas en el s. XVIII y florecientes a partir de 1800); la situación de la música (el compositor sobre todo), gana prestigio y no se puede improvisar una obra maestra, que además tiene que ser legada a la posteridad; quedan como siempre bolsas donde se practica lo antiguo. Una “bolsa” muy peculiar fue New Orleans, cruce de etnias y culturas, entre ellas la española y la francesa; determinadas políticas municipales urbanísiticas hicieron que se mezclaran con la afroamericana, y aquella bolsa se convirtió en el origen del Jazz. A Europa le sorprendió con las primeras giras, en los años 20 del siglo pasado, por su libertad (años 20 París, fue el principal receptor) y lo que había sido una música de marginados, desacreditada por el stablishment de origen, en Europa causa furor, haciendo que gente como Bechet y otros se instalen aquí. Un siglo después la investigación musicológica y la investigación sobre la expresión artística nos lleva a decir que el Jazz es el origen de un movimiento que va a recuperar la figura integral del músico instrumentista , como creador también y no como mero intérprete, integrando los dos mundos y abriendo un mundo muy completo y amplio de aprendizaje y desarrollo, a la vez que la descentralización e independencia del Jazz norteamericano. Por eso, el trabajo de Lechner es tan importante, igual que el de otros que improvisan sobre otras músicas populares e incluso clásicas (Andreas Pritwitz, muy interesante), incluso se está empezando a improvisar con sentido histórico por los músicos de la música antigua; veremos cosas interesantes en el futuro. Y ya está ocurriendo otra cosa: se está integrando la formación clásica con la formación en improvisación, con lo cual veremos nuevas generaciones de instrumentistas improvisando con una técnica instrumental impecable.

 
At 9:54 p. m., Blogger Isabel said...

Gracias Mariano, por tu comentario tan instructivo e interesante. Me lleva a querer saber más y más sobre la improvisación y las nuevas tendencias en el jazz. Sólo soy una aficionada pero tengo muchas ganas de conocer y aprender sobre el tema. ¿Me dejas acudir de oyente a alguna de tus clases? :-)
Un abrazo

 

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