11 octubre, 2011

Gente buena

El Ave atraviesa a toda velocidad la Mancha y se adentra en Andalucía, atravesando montañas cuajadas de encinas, alcornoques y olivos.
La Estación de Antequera-Santa Ana, se encuentra en medio del campo, como una estación fantasma, en la que te sorprende encontrar seres vivos que se mueven apresuradamente detrás de los grandes ventanales que miran al campo.
El trayecto desde la estación, hasta Archidona, el bello pueblo malagueño a los pies de la Sierra de Gracia, es apenas de 20 minutos, y en él se celebra esta semana  la VIII Muestra de cine andaluz y del Mediterráneo, en la que he tenido el honor y el placer de asistir como jurado del Concurso de guiones de cortometrajes.






El Hotel Escuela Santo Domingo se debe a la reforma de más antiguo convento archidonés que fue fundado y dotado por el conde de Ureña en 1531. Su estructura se organiza en torno a un patio central cuadrado, con la iglesia adosada a un lateral. De sobria portada y austera espadaña, tan del gusto de la orden dominica, levanta su imponente fisonomía sobre el caserío colindante, dominando el paisaje de la vega a sus pies. 


Situada en el casco histórico de Archidona, la Plaza Ochavada, es uno de los conjuntos monumentales más interesantes de la provincia tanto por su estilo como por su forma. De hecho, representa una de las joyas barrocas andaluzas del XVIII, al combinar la tradición mudéjar con rasgos típicamente franceses. Fue construida en 1786 por Antonio González Sevillano y Francisco Astorga Frías, quienes diseñaron su peculiar forma octogonal, que ha servido para darle su actual nombre. A través de varias bocanas es accesible desde varios puntos del núcleo urbano,por lo que es desde su construcción el centro neurálgico de la villa. Este gran patio andaluz, donde se conjugan el ladrillo rojo, el blanco de la cal y el verde de las persianas, es una plaza viva y dinámica, ya que allí se celebran los principales eventos del municipio.


Tres veces he visitado Archidona por motivos distintos, y las tres veces he regresado de ella con unas sensaciones difíciles de definir que me han trastocado, en cierta forma, la mirada y mi forma de estar ante el mundo.
No sé que tiene esta villa. Si es el paisaje que la rodea, o las calles empinadas enmarcadas de casas blancas, sus conventos de piedra, las casas señoriales, las pequeñas placitas rodeadas de árboles y fuentes o la vista inabarcable del Paisaje desde la Ermita de la Virgen de Gracia, levantada en 1462 sobre una antigua mezquita de los siglos IX y X en lo alto de la Sierra...
No sé que extraño embrujo ejerce sobre mí, pero estoy casi segura que no son tanto las piedras, ni las calles, ni el Convento de las Mínimas que oculta a las dulces monjas que lo habitan tras el torno.
Estoy segura de que no es tampoco el bello paseo hasta la ermita, ni los blasones de sus casas señoriales, ni las plazas, ni el paisaje...

El embrujo proviene de la gente maravillosa que he tenido la oportunidad de conocer allí. Gente con una generosidad tan grande que no puedes recoger todo lo que te dan a manos llenas. Gente que, a pesar de muchas adversidades, cuentan sus historias sin amarguras, sin desesperación, sin rabia. Gentes llenas de ilusiones, de proyectos, de ganas de seguir aprendiendo y sorprendiéndose, de ternura y de abrazos para el cuerpo y el alma que derrochan con humanidad y sin pudor.
Como si tuvieran un secreto que muchos desconocemos, como si supieran que es lo que realmente importa y cuanto.

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2 Comments:

At 10:06 p. m., Anonymous elbucaro said...

Da gusto, la resaca que queda tras un viaje como ese, en que te abres a la admiración del paisaje y la gente. Y es que esta mi tierra es muy especial. Un besote.

 
At 2:29 p. m., Blogger Isabel said...

Sí que es especial Búcaro. Mucha calidez para alguien que viene del frío, como yo...

 

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