08 septiembre, 2015

Otoño, otra vez


Me da miedo el otoño. 

No sé si será una rareza mía o le pasa a muchas personas más a lo largo y ancho de este mundo.

Me asusta el viento y el crujir de las hojas en el suelo, la nostalgia creciendo junto a las setas, la lluvia y el viento que me aturde y me da dolor de cabeza.
Me angustia ver como los días encogen y el sol brilla por su ausencia a una hora cada vez más temprana.

Siempre tengo la sensación de que el otoño trae tristeza y melancolía, ese estado vago y sosegado de tristeza y desinterés que surge por causas físicas o morales, y que ahora llaman depresión.

Siempre tengo la sensación de que es más fácil enfermar en otoño, morir en otoño, huir en otoño.
La ciudad cambia de color y los pasos se vuelven apresurados donde antes había paseo y perezosa indolencia. Y como le pasaba a Van Gogh 
"me hace sentir muy triste y más desgraciado de lo que puedo decir, y no sé hasta dónde he llegado... No sé qué hacer ni qué pensar, pero deseo vehementemente dejar este lugar... Siento tanta melancolía."
Yo nací en otoño, pero no me gusta el otoño. Nunca me gustó volver del largo verano. Encerrarme de nuevo en el aula, en el trabajo, en la casa, en mí misma.
Nunca me gustaron la vuelta al cole, el babi con olor a recién planchado, los libros nuevecitos forrados con plástico, ni poner mi nombre en las portadas de cada uno de ellos, con esa letra redondita y clara de colegio de monjas.
Cada minuto del otoño echaba de menos la libertad del verano, los cuerpos semidesnudos, el calor de las siestas acompañadas del zumbido de moscas y abejas bajo las moreras. Las cortas e intensas noches estrelladas en las que mi padre nos nombraba los astros, tumbados boca arriba sobre una manta o nos recitaba el Romancero gitano de Lorca, con su voz aterciopelada y profunda.
¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
El otoño es para los que se van, no para los que se quedan mirando detrás de los cristales los tejados húmedos y las calles brillando al anochecer.
El otoño es para los que tienen refugio con chimenea encendida y pueden sentarse ante ella rumiando pan y pensamientos sin nostalgia. 
Para los que hacen planes y construyen castillos en el aire, para los que diseñan proyectos o cuecen ideas en un puchero. Para los que esperan que haya algo más allá del horizonte, para los que se preparan para el invierno gris.


No es para nostálgicos ni melancólicos, para los que dejan rendijas en puertas y ventanas por las que se cuelan el aire y los afectos.


El verano llega de improviso y abre de par en par las salidas y las entradas, pero hay que sellar la casa para el otoño, prepararse para él. Es la única estación para la que necesito prepararme.
El otoño es para los poetas, a mí me da siempre miedo el otoño.

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4 Comments:

At 11:41 p. m., Blogger Cande said...

Qué placer haberte encontrado;
me quedo por aquí...compartiendo el otoño...

un abrazo

concdecandela.blogspot.com.es

 
At 7:24 a. m., Blogger Álvaro Valverde said...

Muy hermoso, Isabel. A tumba abierta, como siempre. Pero no puede haber otoño que te tumbe. Eso queda para los débiles poetas. Besos.

 
At 3:52 p. m., Blogger Isabel said...

Gracias Candela. Me encantará compartirlo contigo. Iré a tu "casa" también a visitarte.

 
At 3:55 p. m., Blogger Isabel said...

Mi querido Álvaro. Prefiero no echarle pulsos al otoño. Muchas veces nuestra fuerza es vuestra poesía. La tuya desde luego.
Muchos besos

 

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