23 julio, 2015

Estación de tren


Subes una vez más a esa estación de tren, perdida en medio de un monte y de repente pasa un tren a toda velocidad. Te extraña el hecho en medio de una estación casi fantasma. Una estación para las ensoñaciones, los recuerdos, la saudade, los paseos junto a las vías, el silencio y la luz que se filtra entre los árboles.

Yo he subido alguna vez contigo allí, y he recogido piedras para traer a mi jardín de invierno, para que me acompañen en mi refugio solitario. He compartido contigo la inmensa soledad de aquel paisaje en el que el calor estaba dentro de nosotros, como un puente tendido entre dos almas que siempre parecen estar, fuera de allí, esperando el final.

Días después me cuentas la anécdota del tren y añades que fuiste allí a despedirte de mí y de tantas cosas. El tren fue para ti una señal de la debacle.

Y pienso cuántas veces te habrás despedido de mí con esos gestos, cuántas señales -como el tren- habrán reforzado tu adiós y tu deserción de una historia que parece hacer aguas desde hace mucho tiempo. Cuántas veces te habrás despedido de mi en tantos lugares mientras yo seguía tejiendo hilos, como Penélope, de sueños y esperanzas. Yo tan ajena a ese momento tuyo.

A veces tengo la sensación de que la nuestra ha sido siempre una relación de despedida. Una relación en estado permanente de subirte a un tren y decirme adiós con un pañuelo, desde una ventanilla que te lleva a un lugar en el que yo nunca estaré.


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2 Comments:

At 1:10 p. m., Blogger Álvaro Valverde said...

Hermoso y lleno de misterio. Como la poesía. Como la vida. Besos.

 
At 10:02 p. m., Blogger Isabel said...

Besos mi amigo. Gracias.

 

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