18 abril, 2013

En barbecho

Fotografía: Yann Arthurs-Bertrand
 -Ponte en barbecho-, me aconseja alguien entendido en la materia de la "agricultura" del alma. La tierra tiene que tener periodos de descanso, periodos para llenarse de nuevo de fuerzas, para seguir dando frutos, para no agotarse del todo.
En estos tiempos de barbecho, una debe ir despacio, refugiarse en cosas que le den sosiego, en pequeños placeres: buenos libros -no hay nada más estresante que la mala literatura- escuchar buena música, -no un género u otro, sino la que te pida el cuerpo cada momento- disfrutar pausadamente una buena puesta de sol; dar largos paseos -sin llevar la lengua fuera-, dejarse llevar por la estética de los cinco sentidos; no pretender conseguir metas difíciles, disfrutar de pequeños momentos, no exigirse nada, no dejarse la piel en nada... En fin, ponerse en barbecho.

Hoy ha llegado a mis manos una buena relectura, para conseguir que mi tierra interior descanse del exceso. Se trata de " Un cuarto propio" ( a mí me gusta más el título: "Una habitación propia") de la autora inglesa Virginia Woolf.

Se trata de una preciosa reedición de la editorial Lumen, con traducción de Jorge Luis Borges, prólogo de Kirmen Uribe, e ilustraciones a todo color de Becca Stadtlander. Un libro que, a pesar de tener ya cerca de un siglo, mantiene toda su vigencia y modernidad. 

El libro vuelve a publicarse con la misma fuerza que una obra reciente, quizás porque se trata de un relato atemporal, una historia que describe con sencillez y clarividencia un problema que aqueja a toda la sociedad y sus conclusiones son extremadamente inteligente y dan con el quid de la cuestión.
También la forma narrativa, literaria y abierta, consigue que el libro no envejezca.


Aunque ya lo tengáis, regalaos esta edición. Merece la pena.


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