18 junio, 2009

María

Me encanta cuando la miro y la sorprendo con los ojos cerrados a lo que le rodea y abiertos, con mirada soñadora, para traspasar horizontes en los que se sienta, escobillas en mano, en el escenario de un concierto.
Me encanta su capacidad para disfrutar, inmensamente, con realidades y sueños, como si no hubiera límites definidos entre lo real y lo onírico.
A veces, tengo la sensación de que el tiempo no ha pasado por ella, y que ha sido capaz de conservar lo mejor de la niñez: la infinita curiosidad, la alegría, la inocencia, la mirada limpia y la palabra sincera.
Me gusta mucho estar con ella, porque nadie -tanto y tan bien-es capaz de disfrutar a mi lado con la música que a mi me gusta, que a ella le gusta.
Porque nadie -tanto y tan bien- descubre los sonidos detrás del ruido y del silencio, iluminando su cara con una inmensa sonrisa para decir emocionada -"escucha... sabes quién es?".
Sé que no tiene todo lo que se merece, porque la vida no suele ser justa con las mejores personas.
Sé también que tiene tantos sueños que será imposible poder realizarlos todos en esta vida. Que necesitará muchas otras vidas para lograrlos. Aunque a veces dudo que no sea capaz de cumplirlos: tan alta es su emoción y la intensidad de su espíritu.
A mi me devuelve, cada vez que estoy con ella, la fe en lo mejor de las personas, me mantiene inquieta en la búsqueda de nuevos estímulos y me exige -sin exigirme nada- que no me quede parada, que siga soñando, y buscando y deseando.
Tiene el pelo corto y rebelde, y sus ojos risueños ocultan secretos que nunca sabremos.
Recuerdo un día en su tierra. La emoción con la que nos paseó a todos por los paisajes de su infancia, su forma de señalar con el dedo eso y aquello y eso otro... como si quisiera introducirnos en los momentos más felices de su niñez a través de sus manos que se agitaban como mariposas diurnas en un bosque encantado.
Conozco su debilidad y su fuerza, su capacidad de amar y su ternura, su exuberancia y su timidez, su alegría y su tristeza, sus caminos y sus fronteras.
Nada sería igual ya en mi vida, en nuestras vidas, sin su presencia llena de luz.
Podría seguir diciendo muchas cosas más de María, pero prefiero hacerlo con música. Con su música.

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3 Comments:

At 11:57 p. m., Blogger Maria said...

Gracias Isabel!
No sé si merezco todas esas palabras, pero sí sé que soy muy feliz cuando estoy con todos vosotros, contigo y con todos los libros y toda la música que nos has regalado, lo mejor es que nos queda mucha más por conquistar y disfrutar juntas. Gracias de corazón!. Un abrazo muy muy fuerte.

 
At 9:55 a. m., Blogger Club de lectura de la Biblioteca Torrente Ballester said...

Cuando estoy con Maria,mi querida compañera de cuarto en viajes, y los que nos quedan..., siento la necesidad de acurrucarla y de darle muchos consejos y pasarle todos los deseos e ilusiones que sé que merece. Siempre me llama la atención el interés y respeto con el que te escucha. Maria, otra vez, lo mejor del mundo para ti. Un besoy abrazo.
CONCHI.

 
At 4:41 p. m., Blogger Club de lectura de la Biblioteca Torrente Ballester said...

Me encanta la ilusión que transmite cuando habla de las cosas... Tengo un bonito recuerdo de la excursión por "su Béjar" y del taller de leyendas que preparamos juntas. Un Beso, Cristina

 

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