29 abril, 2014

Años, espejismos y certezas

Fotografía: Anna Dovgal
Lo bueno de hacerse mayor es que una va teniendo algunas cosas claras: el país en el que me gustaría vivir, la persona a la que amo, aquellas a las que quiero, y las pequeñas cosas que me hacen feliz.
Sin embargo todavía no tengo claro si esto es bueno o malo. Es decir, si tener este tipo de certezas no anula la posibilidad de descubrir otros paisajes, otras personas y otras cosas. Si descubrir estas seguridades no te hace perder la emoción de la incertidumbre, descartan el azar, las búsquedas o las sorpresas y te impiden la libertad de la elección.

Me ha dado hoy por filosofar sobre esto y darle vueltas, mientras mi mirada choca contra los edificios que hay frente a mi ventana y que sustituyen mi mirada larga sobre el horizonte del mar que he abandonado hace poco.

Cada vez más cuesta despedirse del lugar en el que has sido feliz, ese lugar de sosiego en el que tu alma y tu cuerpo parecen reconciliarse con el mundo y contigo misma, que al fin y al cabo es donde se encierran todos los mundos posibles.

Cada vez más cuesta dejar atrás los lugares en los que todos tus anhelos parecen cumplirse y el desasosiego diario, la monotonía, los estrictos horarios, las palabras conocidas, los rostros idénticos, se desdibujan hasta casi desaparecer.

Pero sé también de la existencia de los espejismos, de los deslumbramientos momentáneos, de los fuegos fatuos y de las realidades maquilladas.
Así que, volviendo al principio, lo bueno de hacerse mayor es que una sigue sin tener casi nada claro excepto, quizás, la persona que se ama, el país en el que se quiere vivir y algunas cosas que te hacen feliz.






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1 Comments:

At 10:59 a. m., Anonymous Humberto berrezueta durán said...

Buscando algo sobre miradas, di con esta página, hay una par de párrafos que me he sentido casi como identificado. Me refiero al tema. Años, espejismos y certezas. Simplemente decirle gracias por tocar mi sensibilidad, que me invita a una breve reflexión por el hecho de haber compartido mi vida y de mi familia en dos países, el mio donde nací y el que me acoge.


"Cada vez más cuesta despedirse del lugar en el que has sido feliz, ese lugar de sosiego en el que tu alma y tu cuerpo parecen reconciliarse con el mundo y contigo misma, que al fin y al cabo es donde se encierran todos los mundos posibles.

Cada vez más cuesta dejar atrás los lugares en los que todos tus anhelos parecen cumplirse y el desasosiego diario, la monotonía, los estrictos horarios, las palabras conocidas, los rostros idénticos, se desdibujan hasta casi desaparecer".

 

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