26 febrero, 2011

Flores

Me encantan las flores.


Cuando era pequeña solía cogerlas en cada paseo: flores silvestres, flores de temporada que iban cambiando con las estaciones, que llegaban, a veces, a su destino marchitas y tristes, sin poder soportar la presión de mi pequeña mano apretándolas con fuerza por temor a perderlas.
De aquella época recuerdo especialmente los narcisos amarillos -que nosotras llamábamos "junquitos"- que crecían junto al pozo entre los eucaliptos. Las azucenas blancas del porche, con sus pistilos amarillos con los que nos gustaba "decorarnos" las manos. Las margaritas silvestres con cuyos pétalos jugábamos al "me quiere, no me quiere", a veces haciendo trampas. Las rojas amapolas entre los trigos amarillos, que sólo duraban unos segundos después de cortadas. El pan y quesillo, que comíamos como si fuera una golosina, a pesar de su amargo sabor. Las dulces malvas, la flor amarilla del hinojo, la manzanilla y el romero florecido -con los que mi madre preparaba infusiones medicinales- y la violeta -que siempre me parecía una flor de cuento y con la que siempre asocié el calificativo "humilde".





Más tarde, ya de mayor, las flores han seguido marcando mi vida. 
Siempre he tenido flores frescas en casa.
He sembrado flores en el jardín, o 
he regalado flores especiales a alguien importante para mí.
Nunca me ha gustado regalar flores para un entierro, ni el día de San Valentín.
Alguna vez he comido flores.
Alguna vez he guardado flores, ya secas, en una cajita de madera.
He cortado, alguna vez, alguna rosa -prohibida- en un parque, o edelweis -prohibido- en los Alpes suizos.

Durante un tiempo, tuve flores en mi mesa de trabajo, en un pequeño jarrón de cristal, que cambiaban el paisaje laboral y frío de mi mesa y me llenaban el alma de sensaciones y olores.

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1 Comments:

At 3:43 p. m., Anonymous Anónimo said...

Flores que nos aportan color, sabor, olor...vida. Pronto llegará la primavera y nuestros campos se cubrirán de flores para que las disfrutemos; para dar paso a la alegría después del largo, triste a veces, invierno.
Un abrazo, R2

 

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